Dolores Vázquez, víctima de una de las mayores injusticias judiciales de España, ha sido distinguida este domingo con el XVII premio Úrsula Meléndez de Texeda, otorgado por el Concello de Betanzos. En el acto de entrega, Vázquez expresó su gratitud por el reconocimiento, destacando que lo recibe con «muchísimo cariño y muchísimo respeto». Sin embargo, también insistió en la necesidad de que el Gobierno le pida perdón.
«En mi corazón, necesito que el Gobierno me pida perdón», afirmó Vázquez, quien lleva años residiendo en Betanzos. «Este es mi pueblo, aquí la gente me conoce, han convivido conmigo y saben quién soy. Lo de hoy es muy especial, pero no es suficiente», añadió.
Un caso marcado por la injusticia
Detenida en septiembre del año 2000 como principal sospechosa del asesinato de Rocío Wanninkhof, Dolores Vázquez fue condenada sin pruebas y pasó 17 meses en prisión. Su caso se convirtió en un escándalo mediático, marcado por prejuicios y una investigación deficiente. No fue hasta años después que la aparición de nuevas pruebas permitió condenar al verdadero culpable, Tony Alexander King, quien en 2003 fue arrestado por el asesinato de Sonia Carabantes.
A pesar de su absolución, Vázquez nunca recibió una compensación por el error judicial ni una disculpa oficial. Tras su liberación, decidió mudarse a Reino Unido para huir del escrutinio público. Ahora, de vuelta en su ciudad natal, ha sido reconocida por su resiliencia.
Un reconocimiento tardío, pero significativo
El premio Úrsula Meléndez de Texeda le fue otorgado por unanimidad del pleno municipal, a propuesta del grupo socialista, en el marco de los actos del 8 de marzo. La alcaldesa de Betanzos, María Barral, aprovechó la ocasión para pedirle perdón públicamente en nombre de la sociedad.
«Fuiste víctima de un sistema que, en lugar de protegerte, te señaló. De una sociedad que, en vez de ampararte, te condenó sin pruebas, sin razones y sin humanidad», expresó Barral, visiblemente emocionada. También criticó el papel de los poderes del Estado, afirmando que «no estuvieron a la altura y siguen sin estarlo».
El acto, celebrado en un auditorio lleno hasta la bandera, fue un emotivo reconocimiento a Dolores Vázquez, quien se mostró conmovida ante la calidez de su pueblo. «No esperaba ver tantísima gente», confesó. Además, expresó su deseo de que este homenaje sirva de inspiración para que en otras partes de España se reconozcan errores similares.
«No guardo rencor»
A pesar del calvario vivido, Vázquez dejó claro que no alberga resentimiento. «No guardo rencor a nadie, porque el odio solo amarga por dentro», aseguró. Su mensaje fue de superación y fortaleza: «Siempre iré hacia adelante, y todo lo que venga, bien recibido será».
Con este homenaje, Betanzos ha querido cerrar una herida abierta en la historia reciente de España, pero la principal demanda de Vázquez sigue pendiente: una disculpa oficial del Gobierno.