Borja Iglesias volvió a ser objeto de ataques homófobos y violentos a la salida del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, tras el partido entre el Sevilla y el Celta de Vigo. Aunque no participó en el encuentro, el delantero gallego fue increpado por un aficionado mientras entregaba una camiseta a un amigo fuera del recinto.
“A ver si te mueres. Maric*n de mierda”, se escucha en un vídeo difundido por la cuenta Zona Mixta, que documenta el momento con claridad.
El propio Iglesias respondió al ataque desde su cuenta oficial en X (antes Twitter) con una frase cargada de ironía: “Qué raro, si esto en el fútbol no pasa nunca”. Una denuncia directa a la pasividad estructural frente a este tipo de comportamientos.
Qué raro, si esto en el fútbol no pasa nunca. https://t.co/bBMvhrXFbX
— Borja Iglesias (@BorjaIglesias9) January 12, 2026
Poco después, su club, el RC Celta, expresó su respaldo de forma contundente desde redes sociales: “El respeto no se negocia. El odio no tiene cabida en el fútbol. Orgullosos de ti, dentro y fuera del terreno de juego». El mensaje, acompañado de una imagen del jugador formando un corazón con las manos, fue etiquetado con el hashtag #LALIGAVSODIO
Un blanco habitual del odio
Este tipo de agresiones no son nuevas para Borja Iglesias. El delantero gallego se ha convertido en un blanco habitual de la extrema derecha y otros sectores conservadores, especialmente en redes sociales, debido a su compromiso abierto con causas sociales, políticas y de derechos humanos.
A diferencia de la mayoría de futbolistas profesionales, Iglesias no ha tenido reparos en pronunciarse sobre feminismo, igualdad, racismo o derechos LGTBI+, cuestiones que siguen generando incomodidad en el fútbol de élite.
Durante su etapa en el Real Betis, fue insultado por pintarse las uñas de negro en apoyo al movimiento Black Lives Matter. También ha sido criticado por acudir a eventos con accesorios tradicionalmente femeninos, como bolsos o pendientes, lo que desató nuevas oleadas de comentarios homófobos.
“Si me pongo un bolso y genera ese malestar y tantos insultos… imagina cuando alguien salga del armario siendo futbolista”, afirmó en una entrevista con El Larguero, alertando del clima hostil que enfrentan quienes se apartan de la norma en el fútbol.
El silencio como norma en el fútbol
En esa misma entrevista, Iglesias explicó por qué la mayoría de jugadores optan por no pronunciarse:
“Mojarse políticamente te coloca una etiqueta de la que cuesta desprenderse. Y esa etiqueta no solo recae sobre ti, sino también sobre tu club”.
En un deporte sometido a una enorme presión mediática y económica, esa exposición implica riesgos que muchos prefieren evitar.
A pesar de todo, Iglesias ha seguido tomando posición. Ha expresado su temor ante el auge de la extrema derecha —“la temo porque no tiene límites”— y ha criticado el individualismo de muchos compañeros que, según él, se inclinan hacia la derecha por razones fiscales.
“Prefiero pagar más impuestos si eso significa vivir en un país en el que me guste lo que se hace”, declaró. También ha cuestionado el dogmatismo político, explicando que ha votado a distintos partidos y que no cree en la adhesión ciega a ninguna formación.
En un entorno donde el silencio es la norma, Borja Iglesias representa una voz distinta. Y precisamente por eso se ha convertido en objetivo del odio. Este nuevo episodio homófobo no es una excepción, sino el reflejo de una cultura todavía profundamente intolerante, en la que tomar postura sigue teniendo un coste.

