La mayoría de empresas españolas trabajan de forma online a nivel interno. Mediante redes privadas, los trabajadores se conectan entre sí y establecen comunicaciones que facilitan una optimización de todos los recursos. Las mejoras son múltiples, si bien este funcionamiento conlleva algunos riesgos, de fácil solución si se aplican las medidas adecuadas.
Una de estas amenazas es que la información llegue a personas no autorizadas. Es decir, que alguien ajeno a la empresa (o incluso un trabajador que no dispone autorización para acceder a determinadas áreas) entre en este espacio privado y obtenga datos personales y de la corporación. La principal vía que se utiliza para cometer este delito es la extracción de la clave de acceso. ¿Cómo se puede reducir notablemente esta posibilidad, incluso en un cien por cien de acierto? Mediante un gestor de contraseñas para empresas. Es una herramienta que protege los canales de entrada a la vez que facilita el acceso de las personas autorizadas y el uso compartido de datos entre los trabajadores.
Hay que tener en cuenta que, pese al avance de nuevas tecnologías de autenticación, la mayoría de los accesos a sistemas corporativos, aplicaciones y servicios en la nube continúan dependiendo de credenciales tradicionales. Esto convierte a las contraseñas en un objetivo prioritario para los ciberdelincuentes. Conocer las principales amenazas de ciberseguridad relacionadas con contraseñas es el primer paso para proteger la información sensible de una empresa.
Tres vías principales de engaño
¿Dónde puede estar el problema? Uno de los ataques más comunes es el phishing, un método que utiliza correos electrónicos, mensajes o páginas web falsas que imitan a servicios legítimos con el objetivo de engañar al usuario y robar sus credenciales. En el entorno empresarial, el phishing suele dirigirse a empleados con acceso a información relevante. Un solo clic en un enlace fraudulento puede permitir a un atacante acceder a cuentas corporativas.
Otra técnica ampliamente utilizada es el conocido como ataque de fuerza bruta. En este caso, los ciberdelincuentes emplean programas automatizados que prueban miles o millones de combinaciones de contraseñas hasta dar con la correcta. Las contraseñas cortas, simples o reutilizadas son especialmente vulnerables a este tipo de ataques. Aunque pueda parecer una técnica básica, sigue siendo efectiva cuando las empresas no aplican políticas de contraseñas seguras ni mecanismos de protección adicionales.
Como hemos dicho previamente, otro de los riesgos puede estar en los accesos no autorizados internos. Es decir, empleados, exempleados o colaboradores con permisos excesivos pueden convertirse, de forma intencionada o accidental, en una amenaza para la seguridad. El uso compartido de contraseñas, la falta de control de accesos o la no revocación de credenciales cuando alguien deja la empresa son prácticas habituales que aumentan este riesgo.
Frente a este panorama, resulta imprescindible que las empresas adopten una estrategia sólida de gestión de contraseñas. Implementar contraseñas únicas y robustas, limitar los accesos según roles y utilizar herramientas especializadas como un gestor de contraseñas empresarial ayuda a reducir significativamente estas amenazas. Además, combinar estas medidas con autenticación multifactor y una correcta formación en ciberseguridad, por parte de la plantilla, refuerza la protección global.


