Llegaron a Galicia con cuatro maletas, dos hijos y la incertidumbre de empezar de nuevo lejos de casa. Hoy, casi dos años después, Melissa Martínez y su familia ven en la regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno central una oportunidad para consolidar la vida que comenzaron a construir en Ferrol tras abandonar Colombia en busca de seguridad.
Melissa, de nacionalidad colombiana, aterrizó en España en el verano de 2024 junto a su marido y sus dos hijos menores procedente de Panamá. La familia inició entonces un proceso de solicitud de protección internacional mientras trataba de adaptarse a una nueva realidad marcada por la espera y la incertidumbre administrativa.
“Es un respiro y una esperanza”
Durante los primeros meses residieron en una vivienda de tránsito gestionada por Cáritas Diocesana. Allí, según relata Melissa, encontraron acompañamiento y orientación para empezar a integrarse en la sociedad gallega. Tanto ella como su pareja participaron en cursos de formación dirigidos a facilitar su inserción laboral.
Melissa comenzó a formarse como auxiliar sociosanitaria en ayuda a domicilio, aunque la denegación de su solicitud de asilo durante el periodo de prácticas le impidió acceder a un empleo regular. Su marido, por su parte, realizó un curso de reformas de interiores y revestimientos que terminó con una contratación en la misma empresa donde hizo las prácticas.
Ahora, la familia se ha acogido al nuevo proceso de regularización extraordinaria para personas migrantes. Para Melissa, el cambio supone mucho más que un trámite administrativo. “Es un respiro”, resume. Asegura que contar con la documentación en regla aporta “seguridad”, “tranquilidad” y, sobre todo, “esperanza”.
La mujer explica que la situación de espera vinculada al asilo generaba una sensación permanente de inestabilidad. “Estás en un vilo constante”, comenta, al recordar los meses sin saber si podrían quedarse definitivamente en España o si tendrían que regresar a su país. Con hijos menores a cargo, reconoce que la incertidumbre pesaba todavía más.
Una nueva vida en Ferrol
La regularización, afirma, les permite empezar a pensar en el futuro con mayor estabilidad. Sus hijos ya están escolarizados y plenamente integrados en Galicia, mientras ella continúa formándose y su marido trabaja actualmente con autorización temporal. Además, uno de sus hijos necesita apoyos específicos por una condición médica, algo que, según explica, también resulta más sencillo con una situación administrativa estable.
Melissa insiste en que el objetivo principal de la familia siempre fue ofrecer un entorno más seguro a sus hijos. Aunque define Colombia como “un país hermoso”, recuerda que la inseguridad fue uno de los motivos que los empujó a emigrar. Antes de llegar a España habían vivido también en Panamá, por lo que se consideran “dobles migrantes”.
La elección de Galicia no fue casual. Contaban con conocidos en la comunidad y habían investigado previamente las condiciones de vida. Destaca el coste más asequible respecto a otras zonas de España y, especialmente, la acogida recibida por parte de la población gallega. “Nunca he sentido rechazo ni discriminación”, asegura.
El apoyo de Cáritas y la espera de la resolución
A lo largo del proceso, Cáritas desempeñó un papel clave en su integración. Melissa reconoce que el acompañamiento recibido hizo más llevadera una etapa que define como “difícil”, aunque también marcada por la solidaridad de muchas personas que les ayudaron a orientarse en trámites, formación y empleo.
Sobre el procedimiento de regularización, explica que fue relativamente sencillo gracias al asesoramiento jurídico y a haber preparado toda la documentación con antelación. Ahora esperan la resolución con optimismo, convencidos de cumplir los requisitos exigidos.

Mientras aguardan la respuesta definitiva, Melissa ya imagina cómo cambiará su vida si el proceso culmina favorablemente. Habla de estabilidad, de nuevas oportunidades laborales y de la tranquilidad de poder caminar “sin miedo” a perder todo lo construido en España.
“Cuando uno cambia de país, piensa sobre todo en el futuro de sus hijos”, reflexiona. Y para ella, esa posibilidad de construir un futuro con mayor seguridad y estabilidad en Galicia “no tiene precio”.

