Todas las encuestas, sondeos, medios de comunicación, todo, absolutamente todo, estaba enfocado a favorecer la victoria del Partido Popular. Con un año y medio en su cargo, Alberto Núñez Feijóo llevaba meses pidiendo un adelanto electoral para batirse en las urnas con Pedro Sánchez. Lo hacía con bastante chulería, por cierto. La misma que demostró en toda la campaña electoral. Llegaron las elecciones municipales y autonómicas y se creyeron vencedores. Digo bien, lo creyeron, porque la realidad es tozuda y los pactos de los perdedores, con VOX a la cabeza para poder gobernar en varias comunidades autónomas comenzaron a aflorar. Las elecciones generales, en un arranque de valentía o de salto al vacío fueron convocadas y el señor Feijóo comenzó a creerse vencedor. Tengo mucha ventaja, pensó.
Las subvenciones a los grandes medios de comunicación que había abonado al poco de dimitir como presidente de la Xunta con dinero público de todos los gallegos y gallegas tendrían su efecto para ensalzar su figura como llevaba haciendo los últimos catorce años en Galicia. Sus amigos consejeros delegados, como Borja Prado, de Mediaset o en Atresmedia, seguramente le habrían ya asegurado que pondrían todo de su parte para que llegase a la presidencia del Gobierno sin demasiadas complicaciones. Feijóo es el gran gestor de todo el sistema privado, sanitario, de medios de comunicación, lobbies, IBEX 35…
La Xunta de Galicia adjudicó 1.250.000 euros a seis empresas editoras y propietarias de periódicos, emisoras de radio y cadenas de televisión estatales justo después de que Alberto Núñez Feijóo accediera a la presidencia nacional del Partido Popular y cuando ya había anunciado que dejaría el Gobierno gallego y, por tanto, se quedaría sin la capacidad de utilizar dinero público autonómico para entregar ayudas institucionales a los medios.
El procedimiento negociado sin publicidad por exclusión, es decir, a dedo y sin concurso público fue el procedimiento elegido para tramitar esas adjudicaciones. Todo opaco. Cinco de ellos fueron suscritos cuando Feijóo ya había firmado su renuncia a la presidencia del Gobierno autonómico y se encontraba como jefe del Ejecutivo gallego en funciones. Y así, con todo el viento a favor, se lanzaba Núñez Feijóo a conquistar España. No contaba con que la mayor parte de la sociedad española ya no calla ante el abusón del patio de recreo. Ya no calla ante las mentiras. Los nuevos modelos de familia, las mujeres, los jóvenes, el mundo de la cultura, no iban a permanecer callados ante sus pactos con VOX y la retirada de banderas y bancos LGTBI, símbolos de libertad.
No permanecieron callados ante sus ataques a las víctimas de la violencia machista a las que pretendieron invisibilizar. Ni tan siquiera las víctimas del terrorismo permanecieron impasibles ante su frase de campaña, la que pronunciaban con odio infinito y la cual no voy a reproducir. No permanecieron callados ante los ataques a la cultura cancelando obras clásicas o películas infantiles. La sociedad española no está dispuesta a retroceder. No está dispuesta a renunciar a los logros conseguidos con tanto esfuerzo y siempre con un PP haciendo oposición a España.
Nunca quisieron hablar de economía porque sabían que las cifras eran excelentes después de una pandemia mundial. España se estaba recuperando a mayor velocidad que otros países de la UE. No querían hablar de la subida del SMI ni de las pensiones. Mentían sobre los datos, enfangaban, desprestigiaban e insultaban sin que nadie les llevase la contraria en los medios. Ha perdido, señor Feijoo. Las encuestas compradas le daban entre 150 y 180 escaños. Le ponían una alfombra azul para gobernar. Usaron lo peor del marketing político contra su adversario. Insultaron, despreciaron y denigraron al oponente.
Ha perdido, señor Feijoo. La sociedad española no quiere gobiernos retrógrados ni líderes con un pasado plagado de oscuros negocios con narcotraficantes. Ha vencido la concordia y ha perdido el odio. Porque como dijo Pedro Zerolo, cunado somos valientes, acertamos. Y hemos sido valientes. El primero, Pedro Sánchez. Él como líder y la sociedad española acompañándole en una campaña electoral muy polarizada pero también una campaña más interactiva que cualquiera otra que recuerde. Un millón de votos más que en 2019.
Habrá gobierno de progreso cuatro años más. Porque la sociedad española así lo ha querido y porque nuestro sistema parlamentario hace que seamos más los que queremos avanzar y sean menos los que quieren retroceder. Usted no va a liderar la oposición, señor Feijóo. No se lo van a permitir. Su partido comienza ya a pedir su cabeza. ¡Hasta dicen que ha sido usted demasiado blando! Nos esperan cuatro años más de una oposición que odia a España, a esta España moderna y multicultural, como ya lo han demostrado estos últimos años. Nunca han arrimado el hombro.
Se irá usted, señor Feijóo, a vivir un retiro “dorado”.