Galicia se ha consolidado este invierno como el motor indiscutible que sostiene el sistema eléctrico nacional. Lo que para los ciudadanos es una rutina de paraguas y alertas naranjas, se ha traducido en una posición de soberanía energética sin precedentes: la comunidad genera hoy prácticamente el 37% de toda la energía hidráulica de España. Mientras el resto de la Península ha acusado la falta de sol para su producción fotovoltaica, las turbinas gallegas han trabajado a destajo para equilibrar el mix nacional, transformando el paso de los temporales en un activo estratégico que rescata al país en un momento de baja producción en otras regiones.
La magnitud de las precipitaciones registradas desde que comenzó el año es, según la Consellería de Medio Ambiente, simplemente extraordinaria. En apenas 44 días, sobre el territorio gallego han caído más de 14.300 hectómetros cúbicos de agua. Para entender la dimensión de esta cifra de consumo humano, el volumen es tal que permitiría abastecer de agua a toda la población de Galicia durante los próximos 113 años. Esta abundancia equivale a llenar 650 veces el embalse de Eiras, el principal recurso de Vigo, evidenciando que la comunidad ha acumulado en mes y medio reservas de agua potable que garantizan el suministro a larguísimo plazo.
Este escenario de exceso hídrico es el resultado de un asedio atmosférico casi ininterrumpido. Desde el 1 de enero, Galicia solo ha vivido una única jornada sin lluvia en todo su territorio —el pasado 4 de enero— y apenas ha registrado cuatro días libres de avisos meteorológicos. El tren de borrascas, con Oriana tomando el relevo de nombres como Leonardo, Marta o Nils, ha dejado precipitaciones un 98% por encima de la media histórica. La saturación del terreno es absoluta: ríos como el Arnego o el Ulla fluyen con caudales que multiplican por seis su potencia habitual, y en ayuntamientos como Rois o Lousame se han recogido más de 1.000 litros por metro cuadrado, lo que suele llover en Ourense en un año y medio.

Esta fuerza de la naturaleza ha tenido un impacto directo en el contador de los embalses españoles, que registraron una subida de 10,1 puntos porcentuales en una sola semana, el mayor salto semanal desde que existen registros en los años noventa. En este contexto, Galicia funciona como la gran reserva energética del Estado. Mientras la media nacional para consumo humano se sitúa en el 74,69%, los embalses destinados específicamente a la producción hidroeléctrica han escalado por encima del 83%. De hecho, en solo cuatro meses del actual año hidrológico, la comunidad ya ha alcanzado el 50% de todas las aportaciones de agua previstas para un año completo, obligando a las centrales a turbinar a máxima capacidad para gestionar el excedente.
Los datos de Red Eléctrica (REE) confirman que Galicia ha sido la «llave» del suministro nacional en enero. De los 3.203 GWh de energía hidráulica generados en toda España, la comunidad aportó 1.182 GWh. Esta cifra representa el 36,9% de toda la hidroeléctrica estatal, situando al Noroeste muy por delante de otras potencias tradicionales como Castilla y León (877 GWh) o Extremadura (365 GWh). El despliegue gallego ha permitido compensar la caída de la energía fotovoltaica, que debido a la nubosidad persistente bajó hasta los 2.800 GWh en todo el país, demostrando que cuando el sol no brilla, los ríos gallegos mantienen encendida la luz de España.
Este empuje hidráulico explica también un cambio de tono respecto a lo ocurrido el año pasado. En 2025, la comunidad cerró con 21.700 GWh, un 5,8% menos que el acumulado de 2024 (23.083 GWh). Fue un año de menor pulso en la producción total, con menos alegría en el contador. Sin embargo, el arranque de 2026 ha roto esa inercia por completo. En enero, Galicia produjo 2.820 GWh: el mejor inicio de los últimos tres ejercicios y un 5% más que en enero de 2025. La lectura es doble: por un lado, el agua ha vuelto a ser determinante para el sistema nacional, aportando Galicia 1.182 GWh de origen hidroeléctrico; por otro, el viento se mantiene como un pilar estructural del mix energético gallego.
De hecho, la eólica fue la primera fuente en el mix gallego del mes, con 1.265 GWh. Ese volumen representa el 15,3% de toda la electricidad eólica generada en el país. Solo la superaron Castilla y León (2.033 GWh) y Aragón (1.436 GWh), dos territorios con mucha más potencia instalada tras años de despliegue sostenido, mientras Galicia ha vivido un freno a nuevos proyectos en medio de un enredo judicial que ha enfriado inversiones y calendarios. El dato es relevante porque pone contexto a la cifra: Galicia pesa mucho en la producción eólica nacional no por ser la que más aerogeneradores suma, sino por la combinación de recurso viento, operación y un parque que, aun sin crecer al ritmo de otras autonomías, sigue rindiendo a niveles altísimos.
Más allá de la dupla agua-viento, el sistema gallego se completó en enero con ciclos combinados rondando los 201 GWh, cogeneración en torno a los 105 GWh y otras renovables cerca de los 28 GWh. Con ese reparto, la cuota verde en la producción total de electricidad en Galicia durante el mes pasado rebasó el 88%. Es un porcentaje que no solo retrata un enero excepcionalmente húmedo: habla de una estructura que, cuando el tiempo acompaña, empuja el listón renovable a cotas muy altas y desplaza casi por completo a las fuentes fósiles en la generación del noroeste.

