Así fue el difícil rescate de las vacas atrapadas en Taboada: un helicóptero, colaboración vecinal y un final feliz

Nueve vacas tuvieron que ser rescatadas gracias por aire debido a la dificultad del terreno en un operativo marcado por la ayuda vecinal
Imágenes de la llegada de las vacas a la explotación tras el rescate | Roi Rigueira
Imágenes de la llegada de las vacas a la explotación tras el rescate | Roi Rigueira

El rescate de las vacas atrapadas en un barranco de Taboada (Lugo) terminó en final feliz tras una operación que, en un principio, muchos consideraban casi imposible. Desde la mañana del pasado 30 de abril, en la parroquia de San Xillao de Insua no faltó vecino que ayudara a rescatar a las 19 vacas que se recipitaron terreno abajo junto al embalse de Belesar.

Gracias a la colaboración vecinal y al apoyo aéreo llegado desde Asturias, el rescate finalizaba con nueve de las reses evacuadas por aire una a una y llevadas de nuevo a su granja, donde también se luchó por mantener su tranquilidad.

Las vacas no lograron retroceder de una zona rocosa

El miércoles se escaparon un total de 19 novillas jóvenes y preñadas, posiblemente asustadas por la presencia de lobos, y terminaron descendiendo hacia una zona escarpada de la Ribeira Sacra de la que no podían salir. A siete las recuperaron en las primeras horas, una murió y a dos las rescataron el jueves: a una tirando por una cuerda, atada posteriormente al cabestrante de un vehículo, y a la otra sobre un pantalán por el río.

Ante la dificultad del terreno, para el posterior rescate se descartaron métodos convencionales y se optó por una operación aérea. Dos veterinarios se encargaron de sedar a los animales para facilitar su manejo. Una a una, las vacas eran colocadas en una red y enganchadas al helicóptero, que las trasladaba hasta la explotación ganadera. Allí, otro grupo de voluntarios se ocupaban de controlar su recepción, ya que algunos ejemplares llegaban aún adormecidos o asustados por la situación.

Un rescate con final feliz para 19 reses

El operativo se desarrolló con rapidez, aunque no estuvo exento de algún contratiempo, como la caída accidental de un cable, que afortunadamente no causó daños personales. De las 19 reses que inicialmente huyeron, solo una murió en el barranco. Sus propietarios, los hermanos Cadahía, pasaron del pesimismo inicial a la euforia tras el desenlace: “Parecía imposible, pero las salvamos”, destacando la implicación de vecinos, voluntarios y servicios públicos.

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