Sabela Aldrey Cabezal (Santiago, 1997) nunca tuvo dudas sobre su vocación: «Prefiero el trabajo asistencial y el trato con los pacientes al intervencionista o quirúrgico». Esta decisión la llevó a convertirse en la primera persona en conseguir una plaza MIR en Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia en Galicia. De las 20 plazas que se ofertaron en 2023 en toda España, solo se adjudicó una en la comunidad y ella la ocupó en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS). Ahora, en su segundo año de residencia, forma parte de la primera generación de especialistas en esta rama.
Los datos subrayan la importancia de la salud mental infantil. Según la Fundación IDIS, el 70% de los trastornos mentales comienza en la infancia o la adolescencia. En España, el 20,8% de los adolescentes de entre 10 y 19 años tiene un diagnóstico en este ámbito. «Cada vez llegan más jóvenes con ansiedad, autolesiones y dificultades emocionales», señala Aldrey. Entre los problemas más comunes en consulta figuran los trastornos del espectro autista (TEA) y los de la conducta alimentaria, especialmente la anorexia.
El abuso de redes sociales
En este contexto, las redes sociales pueden afectar el desarrollo de la personalidad en los más jóvenes. Estudios recientes han señalado que el uso excesivo de estas plataformas «altera el sistema dopaminérgico en niños», explica Aldrey. «El consumo constante de contenido inmediato, como los vídeos cortos, genera picos de dopamina, lo que puede dificultar que el cerebro experimente placer con actividades cotidianas. Un altísimo porcentaje de nuestros pacientes tienen un uso abusivo de tecnologías», advierte.
Superar las dos horas diarias en redes sociales aumenta el riesgo de desarrollar trastornos. «El problema no es solo el tiempo que pasan conectados, sino también el contenido que consumen. Las redes generan un refuerzo inmediato que no se da con otros formatos, como la televisión o el cine», aclara.
La barrera de los 16 años: un problema en Galicia
En añadidura, uno de los principales obstáculos que enfrentan los pacientes en Galicia es la edad límite de atención en psiquiatría infantil. Mientras que en la mayoría de comunidades se atiende hasta los 18 años, aquí el corte se sitúa en los 16, lo que obliga a derivar a adolescentes de 16 y 17 años a unidades de adultos. «El enfoque terapéutico es diferente y no siempre el más adecuado para ellos», señala la residente.
Además, los psiquiatras de adultos no siempre están familiarizados con la problemática legal de los menores. Tienen derechos específicos y hay muchas cuestiones legales en juego: el consentimiento en consultas, la información que se debe dar a los padres o los casos de familias separadas. «Muchas veces, los profesionales no tienen claro cuándo deben informar y hasta qué punto pueden intervenir».
Otro problema importante es la falta de plazas de hospitalización. La unidad psiquiátrica infantil del CHUS tiene capacidad para siete pacientes y, hasta hace poco, era la única en Galicia. La apertura de una nueva unidad en Vigo ha aliviado algo la situación, pero la demanda sigue superando con creces la oferta. «Si queremos ampliar la edad de atención, también necesitamos más profesionales y espacios», recalca.
El entorno y el impacto de las redes sociales
Por otro lado, Aldrey insiste en que el entorno familiar también es un factor clave en la evolución de los pacientes, sobre todo en trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y TEA. «Los niños tienen más dificultades para expresar lo que sienten, y en la adolescencia esto se mezcla con la búsqueda de independencia y los conflictos familiares», explica.
La psiquiatra subraya la importancia de la implicación familiar en la recuperación. «Prácticamente, todos nuestros pacientes hacen un uso excesivo de las pantallas, y muchas veces los propios padres tampoco tienen una relación saludable con ellas. Si no se ponen límites, los niños no saben hacerlo por sí solos», concluye.