La flota gallega de bajura ha protagonizado este lunes una jornada de paro y movilizaciones en los principales puertos de Galicia para mostrar su rechazo a los nuevos controles impuestos por la Unión Europea. Barcos amarrados, lonjas sin actividad y protestas en tierra y mar han sido la imagen de un sector que advierte de que las nuevas exigencias del Reglamento Europeo de Control de la Pesca ponen en riesgo su viabilidad.
En A Coruña, pescadores llegados de distintos puntos de la provincia se concentraron a media mañana en la zona de O Parrote, donde una veintena de embarcaciones hicieron sonar sus bocinas como gesto de protesta. Con bengalas, petardos y pancartas con lemas contra unas “leyes imposibles”, la movilización se trasladó después hasta la sede de la Delegación del Gobierno, en un ambiente reivindicativo vigilado por efectivos policiales.
Paro de la flota gallega y amenaza de amarre indefinido
La protesta coincide con la entrada en vigor, el pasado 10 de enero, de nuevas obligaciones para los barcos de más de 12 metros, entre ellas el uso obligatorio del diario de pesca electrónico, el pesaje a bordo de las capturas con un margen de error muy reducido y la comunicación de la llegada a puerto con cuatro horas de antelación. El sector considera que estas medidas son inviables para la pesca artesanal y ha advertido de que el amarre podría prolongarse de forma indefinida si no hay cambios.
Mientras se desarrollaban las movilizaciones en Galicia —con concentraciones también en puertos como Celeiro o Burela—, una delegación del sector se desplazó a Madrid para participar en una reunión con la Secretaría General de Pesca. Además, está convocada una concentración estatal frente a este organismo para reforzar la presión.
“Nos convierten en oficinas flotantes”
Desde las cofradías de pescadores, el mensaje es unánime. Los representantes del sector alertan de que la combinación de menor producción, caída del consumo y mayores exigencias burocráticas está asfixiando a la flota de bajura. Denuncian que embarcaciones con uno o dos tripulantes no pueden asumir tareas administrativas complejas en plena faena, ni realizar pesajes exactos de múltiples especies antes de llegar a puerto.
También ponen el foco en el régimen sancionador, que puede traducirse en multas de decenas de miles de euros por pequeños errores en el registro de capturas. “No nos negamos al control, pero sí a uno que no se adapta a la realidad del mar”, resumen desde las cofradías, que temen que estas normas aceleren la desaparición de la pesca artesanal.
Apoyo político y críticas al reglamento europeo
Las protestas contaron con el respaldo del BNG, que reclamó al Gobierno una moratoria y una flexibilización inmediata de la normativa. Sus representantes califican el reglamento de “hiperregulador” y diseñado para grandes buques industriales, sin tener en cuenta las particularidades de la flota gallega. También alertan de que, a partir de 2030, estas obligaciones podrían extenderse a embarcaciones aún más pequeñas, mayoritarias en Galicia.
Un manifiesto en defensa de la pesca artesanal
La Federación Nacional de Cofradías de Pescadores ha difundido un manifiesto en el que denuncia la desproporción de los nuevos controles, el impacto sobre el empleo y el riesgo para las comunidades costeras. El documento reclama una regulación realista, justa y compatible con el trabajo en la mar y advierte de que legislar sin contar con el sector puede poner en peligro un modelo pesquero sostenible.
“Somos pescadores, no delincuentes”, resume el sentir de una flota gallega que, con los barcos amarrados, busca que Bruselas y el Gobierno escuchen sus demandas antes de que el conflicto se agrave.

