La provincia de Pontevedra atraviesa uno de los momentos más delicados del invierno. Con los ríos desbordados, embalses al límite y un temporal que no termina de aflojar, el paso de la borrasca Leonardo ha provocado crecidas, anegamientos y cortes de carreteras que afectan de lleno a la vida diaria. Desde el Baixo Miño hasta la capital, la situación se mantiene bajo vigilancia, y las previsiones no permiten aún hablar de tregua.
En la cuenca del Miño-Sil se han recogido ya más de 750 litros por metro cuadrado desde el inicio del año hidrológico, pero el salto se ha producido en los últimos días. Según datos manejados por técnicos de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, en apenas diez jornadas han caído alrededor de 270 litros por metro cuadrado. Esa cifra, explican, equivale a la lluvia que suele registrarse en dos meses completos de enero en Galicia, si se compara con las medias climatológicas habituales. Con el suelo completamente saturado, buena parte de esa agua ha ido directamente a ríos y embalses, disparando los caudales.
Con ese nivel de saturación, los embalses han ido llenándose hasta rozar el 83 % de su capacidad, y la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil ha comenzado a abrir aliviaderos para evitar problemas mayores. Las maniobras se han activado en puntos clave como Belesar, Albarellos, Velle, Castrelo de Miño, Frieira o Salas, y lo que sale por esos canales acaba amplificando el caudal río abajo. En Ourense, el Miño ha superado los siete metros de altura a su paso por A Peroxa, mientras que más cerca de la desembocadura, en Salvaterra de Miño, el caudal ha rebasado los 2.400 metros cúbicos por segundo, con el nivel rozando los nueve metros. La alerta naranja lleva activa desde hace días, y los técnicos no descartan que sea necesario reforzarla si siguen las lluvias.
A medida que el Miño se acerca a su desembocadura, la situación cambia. Ya no es solo el agua que baja desde el interior: el mar también empuja desde la costa, y eso hace que el riesgo se dispare. En A Guarda, el río bajaba muy crecido a su paso por A Pasaxe (Camposancos), justo cuando el temporal marítimo golpeaba con más fuerza. En las playas de Area Grande y Fedorento, el oleaje dejó imágenes muy gráficas: espuma cubriendo amplias zonas del arenal, señales de que el mar de fondo y la pleamar coincidieron en el peor momento.
En los municipios próximos, la vigilancia no ha cesado. En O Rosal, el Ayuntamiento ha tenido que cerrar caminos rurales inundados por el desbordamiento de pequeños regatos. El río Tamuxe, que normalmente fluye sin ruido, se ha desbordado con rapidez. En Tomiño, Protección Civil ha activado avisos preventivos a la población, y en Tui, el dispositivo municipal ha pedido evitar paseos junto al cauce, especialmente en tramos de ribera y caminos fluviales.
La PO-11 otra vez cortada
En la capital provincial, los vecinos han vuelto a ver una imagen que ya se ha convertido en costumbre cada vez que llueve con intensidad: la autovía PO-11, que une Pontevedra con Marín, completamente anegada. El agua invade la calzada, y no hay otra opción que cortar el tráfico. Los desvíos por la carretera vieja (PO-546) provocan retenciones y demoras que, en horas punta, pueden duplicar los tiempos de trayecto. Esta vez no ha sido distinto.
En la ciudad de Pontevedra, los barrios de Valdecorvos y Os Praceres han vuelto a sufrir inundaciones. En algunas calles el agua ha entrado en viviendas y bajos, dejando a varios vecinos atrapados y obligando a intervenir a los equipos de emergencia. Las imágenes recuerdan lo frágil que puede ser la ciudad cuando se alinean lluvias intensas, mar en contra y problemas en la red de drenaje.
Trenes suspendidos, barcos parados y vuelos desviados
Los efectos del temporal no se han quedado solo en las carreteras. En Vigo, Renfe suspendió varios servicios ferroviarios por riesgo de desprendimientos cerca de la vía. La decisión se tomó sin un plan alternativo claro y dejó a decenas de viajeros pendientes de soluciones de última hora. Muchos se encontraron sin información ni transporte, dependiendo de familiares o taxis improvisados.
En la ría, el transporte marítimo también ha sufrido parones. Las conexiones habituales entre Cangas, Moaña y Vigo se suspendieron durante varias horas por el mal estado de la mar. La situación coincidió con las horas de mayor afluencia, dejando a trabajadores sin servicio de ida o de vuelta. Y en el aeropuerto de Peinador, el viento y la baja visibilidad obligaron a desviar al menos un vuelo, que no pudo aterrizar y regresó a su punto de origen.
Más de 100 incidencias en un solo día
La acumulación de problemas se ha reflejado en los datos del 112 Galicia. Solo en una jornada se han gestionado más de 300 incidencias en toda la comunidad, y 116 de ellas han tenido lugar en la provincia de Pontevedra, la más afectada. Desde caídas de árboles hasta inundaciones puntuales, pasando por desprendimientos y viales cortados, el mapa de actuaciones ha cubierto prácticamente toda la provincia.
La Xunta mantiene activo el Plan Especial de Inundaciones de Galicia (Inungal) en fase de preemergencia, con vigilancia reforzada en varios ríos especialmente sensibles: el Lérez, que atraviesa la capital; el Louro, que cruza Tui; el Tea, en Salvaterra; el Umia, que baja con fuerza por Cuntis; el Verdugo, que recibe las lluvias en Pontecaldelas; y el Cabeiro, con especial riesgo en zonas bajas de Redondela. La Consellería de Educación también ha tomado medidas, suspendiendo actividades al aire libre en centros escolares de varios municipios y cancelando eventos deportivos previstos para el fin de semana.
Monção también en alerta
La situación del río no se detiene al cruzar la frontera. En el lado portugués, Monção ha activado su propio protocolo de emergencia ante el riesgo de crecidas rápidas del Miño. Las autoridades lusas han recomendado a los vecinos de zonas ribereñas que retiren enseres de plantas bajas, protejan cuadros eléctricos y se mantengan atentos a cualquier aviso. No es la primera vez que el agua sube sin avisar en esa zona y, con el nivel actual, el margen de reacción es muy estrecho.
La previsión sigue siendo inestable
Las próximas 48 horas van a ser clave. Según MeteoGalicia, los momentos más delicados llegarán entre el jueves por la noche y el viernes, cuando las lluvias podrían coincidir con nuevas descargas de embalses y con las pleamares. La combinación de esas tres variables es lo que más preocupa ahora. A partir del sábado se espera cierta mejora, pero no se descarta la entrada de un nuevo frente el domingo.
En el mar, el temporal marítimo seguirá activo, con olas de hasta 7 metros y mar de fondo del noroeste, especialmente en la costa sur de la provincia. Protección Civil ha insistido en que, aunque Leonardo empiece a perder fuerza, sus efectos van a seguir notándose durante varios días, sobre todo en las zonas donde los ríos están todavía muy altos o donde el agua no ha terminado de salir.
El escenario sigue abierto. Si la lluvia se alinea con las descargas de las presas y vuelve a subir la marea, las zonas más bajas del Baixo Miño, el entorno del Lérez o tramos del Verdugo podrían inundarse de nuevo. De momento, la recomendación general es clara: seguir los avisos oficiales, extremar la precaución y evitar desplazamientos innecesarios por zonas inundables o expuestas. Leonardo aún no ha terminado su recorrido por Galicia.


