Así serán los chiringuitos de playa en Galicia a partir de ahora

Tres nuevos diseños marcarán el futuro de las playas gallegas con un millón de euros en ayudas públicas
Diseño modular y sostenible del chiringuito “Do mar ao furancho”, inspirado en la arquitectura tradicional gallega
Diseño modular y sostenible del chiringuito “Do mar ao furancho”, inspirado en la arquitectura tradicional gallega

La Xunta de Galicia ha presentado una nueva hoja de ruta para los chiringuitos de playa, con un plan que combina diseño sostenible, identidad local y funcionalidad adaptada al entorno costero, respaldado por un millón de euros en ayudas públicas. La iniciativa pretende transformar estos espacios del litoral con prototipos que sirvan de referencia para futuras instalaciones, dentro del marco autonómico de ordenación del litoral y con la vista puesta en un cambio de estándar en materiales, mantenimiento y servicios.

El concurso de ideas impulsado por la Consellería de Medio Ambiente e Cambio Climático dejó tres propuestas premiadas. El primer premio recayó en “Do mar ao furancho”, de Emilio José Granda Caicedo y Santiago Ramos de Teresa; el segundo premio fue para “Módulo, serie y litoral”, del estudio Fuertes-Penedo; y el tercer premio se lo llevó “Secadoiro”, del estudio coruñés de Carlos Quintáns y Miguel Mosquera.

En el centro del plan está la idea de que el chiringuito deje de ser una estructura improvisada y de alto desgaste para convertirse en un equipamiento pensado para durar, integrarse en el paisaje y funcionar mejor en un entorno exigente. La Xunta, además, sitúa esta política en la nueva etapa de gestión del litoral, que permitirá ajustar plazos y condiciones de actividad en la costa gallega.

“Do mar ao furancho”

La propuesta ganadora se inspira en referentes tradicionales del paisaje gallego como los astilleros de ribeira, las bateas, el tingladillo de las dornas y la sociabilidad de los furanchos, lugares donde sombra, conversación y materia local conviven sin artificio. Con una arquitectura ligera, reparable y de bajo mantenimiento, el diseño emplea principalmente madera de batea reutilizada o fabricada con la misma geometría, reforzando el vínculo del chiringuito con la tradición marítima gallega y con un modelo de economía más próxima, ligado a oficios y materiales del territorio.

“Do mar ao furancho” | El prototipo ganador reinterpreta el chiringuito desde la tradición marinera y los furanchos, con madera de batea y una estructura modular ligera pensada para integrarse en el paisaje.

El chiringuito se compone de trece pórticos de madera distribuidos en doce módulos. La mitad alberga el volumen cerrado y un espacio de circulación; la otra mitad se dedica a una terraza abierta de 50 metros cuadrados, protegida con paneles cortavientos. La parte cerrada, de 18,4 metros cuadrados, incluye un bar con parte de la barra orientada al exterior, una zona de preparación, una despensa con cuarto técnico, un espacio cerrado para residuos y un aseo público accesible. En total, la superficie ocupada ronda los 70 metros cuadrados. El mobiliario incorpora 34 sillas en acabado de aluminio y el coste estimado por unidad se sitúa en torno a 30.000 euros.

“Módulo, serie y litoral”

El segundo premio introduce un prototipo ligero, desmontable y modular, firmado por Fuertes-Penedo, un estudio con oficinas en Vigo y A Coruña. Sus autores, el vigués Iago Fernández y el ferrolano Óscar Fuertes, plantean una estructura pensada para generar el mínimo impacto posible en la playa y para resolverse con una lógica casi industrial, pero adaptable a la diversidad del litoral gallego. La propuesta puede ensamblarse o desmontarse en un solo día para ser transportada al lugar donde se almacene fuera de temporada, con un apoyo tipo andamio que evita cimentaciones o las reduce a soluciones muy ligeras, permitiendo nivelar el chiringuito en terrenos distintos.

“Módulo, serie y litoral” | La propuesta de Fuertes-Penedo plantea un chiringuito desmontable y adaptable, con estructura ligera de madera y acero y cerramientos en distintos colores para encajar en playas urbanas o arenales más aislados.

Sobre un armazón de acero galvanizado se dispone una estructura de madera aserrada y, sobre ésta, cerramientos de paneles de madera-cemento colocados “a modo de escamas” y en diferentes tonos. El prototipo ofrece distintas opciones cromáticas —blanco, azul, amarillo y naranja— para integrarse mejor en entornos muy diferentes, desde playas urbanas hasta arenales más aislados, en línea con el requisito de versatilidad del concurso. El chiringuito es de una sola planta, con acceso mediante rampa, y aunque permite integrar equipamientos eficientes como iluminación LED, ventilación mecánica puntual o paneles fotovoltaicos, el planteamiento busca que sea lo más autosuficiente posible mediante iluminación y ventilación natural, reduciendo la dependencia eléctrica.

El proyecto incorpora además un enfoque de usos complementarios. Sus espacios son adaptables para implementar funciones como socorrismo y aseos, un aspecto que conecta con experiencias previas del estudio en la costa, como módulos de madera utilizados en Valdoviño para servicios temporales vinculados a eventos y picos de demanda. En ese mismo contexto, los autores citan soluciones técnicas pensadas para playas sin acceso a saneamiento, como depósitos estancos de aguas residuales que pueden vaciarse con sistemas periódicos de retirada.

“Secadoiro”

El tercer premio fue para “Secadoiro”, del estudio coruñés de Carlos Quintáns y Miguel Mosquera. La Xunta lo incorpora al conjunto de prototipos premiados que pretende poner a disposición del sector como alternativas de diseño integrables en los arenales. Su selección completa el abanico de soluciones del concurso, que buscaba una arquitectura biosostenible y compatible con el paisaje, con modelos replicables capaces de ordenar la imagen de los chiringuitos sin desconectarlos de la realidad física y cultural de la costa.

“Secadoiro” | El tercer premio completa el catálogo de prototipos con un diseño concebido para minimizar el impacto y dialogar con el entorno, dentro del nuevo estándar de chiringuitos biosostenibles que impulsa la Xunta.

Ayudas públicas para transformar el modelo

Junto a la presentación del diseño ganador, el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, anunció la puesta en marcha de una línea de subvenciones dotada con un millón de euros, destinada a financiar la reconversión de los chiringuitos existentes y la instalación de nuevos espacios que se ajusten a los principios del nuevo modelo. La convocatoria oficial se publicará antes de que finalice enero, y permitirá a los titulares de chiringuitos optar a ayudas que cubrirán hasta el 50 % del coste de las actuaciones, con subvenciones que van desde los 1.500 hasta los 10.000 euros.

Sin embargo, en aquellos casos en que los titulares adopten íntegramente uno de los prototipos seleccionados por la Xunta —como el de “Do mar ao furancho”—, la ayuda podrá alcanzar el 70 % del presupuesto, con un límite máximo de 20.000 euros por proyecto. Las actuaciones subvencionables incluyen desde la sustitución de materiales contaminantes por otros ecológicos hasta la instalación de sistemas de gestión de residuos, medidas de eficiencia energética, ahorro de agua o mejoras de accesibilidad.

El objetivo de la Xunta es claro: facilitar la transición hacia un modelo de chiringuito más respetuoso con el entorno natural, económicamente viable y culturalmente enraizado en la identidad gallega. La medida ha sido bien recibida por asociaciones del sector turístico y por colectivos ambientalistas, que ven en esta iniciativa una oportunidad para superar el modelo estacional y precario que durante años ha caracterizado a muchos de estos negocios.

Una temporada ampliada

El nuevo enfoque del Gobierno gallego no se limita al diseño físico de los chiringuitos. Gracias a las competencias asumidas sobre la gestión de costas, la Xunta podrá definir los plazos de apertura de estos establecimientos, lo que permitirá ampliar de forma significativa la temporada de actividad. Así, los chiringuitos podrán, de forma voluntaria, abrir desde Semana Santa hasta finales de octubre, rompiendo con la restricción tradicional del verano.

Esta ampliación responde a una doble lógica: por un lado, adaptar la oferta turística a las nuevas dinámicas del sector, donde la desestacionalización es clave para la rentabilidad de los negocios; y por otro, permitir un mayor aprovechamiento de los recursos públicos y privados invertidos en estas instalaciones. En ningún caso será obligatorio operar durante toda la temporada, pero quienes lo deseen tendrán la cobertura normativa para hacerlo.

PUBLICIDAD
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.