El Concello de A Illa de Arousa, gobernado por PSOE y BNG, estudia la adquisición de la mansión de Marcial Dorado, el narcotraficante gallego condenado por contrabando y blanqueo, para convertirla en una residencia de mayores y una casa da xuventude. La operación contaría con el respaldo del Plan Nacional sobre Drogas y se realizaría antes de que la finca salga a subasta pública.
La propuesta ha desatado una fuerte crítica del PP local, que en sus redes sociales calificó la compra como un “capricho” del gobierno municipal. El mensaje iba acompañado de una imagen de la propiedad, pero sin ninguna mención a Marcial Dorado ni al uso social previsto. En su lugar, la oposición ironizó con que, tras subir los impuestos, el Concello se lanza ahora a “comprar mansiones”. Y reclamaron destinar esos fondos a arreglos en el pabellón, el parque de O Bao o la mejora de playas.
El PSOE respondió directamente a través de varios comunicados públicos. En uno de ellos, acusó al PP de tener “moita cara dura” por despreciar una operación que permitiría “recuperar unha propiedade clave para facer unha residencia de maiores e unha casa da xuventude”. En otro, señalaban la contradicción: “Chaman ‘capricho’ a recuperar unha propiedade do narcotráfico, pero cando en Vilanova —gobernada polo PP— mercaron un pazo incautado, era ‘histórico’”. La crítica también apuntaba a quién podría beneficiarse si el Concello no actúa: “¿A quen esperan na subasta? ¿Que volva a mans privadas para que os do iate sigan tendo o seu palacio?”
Esa última frase contiene una alusión directa a la conocida relación entre Alberto Núñez Feijóo y Marcial Dorado. Las imágenes de ambos navegando juntos, publicadas en 2013, marcaron un punto de inflexión en la política gallega. Feijóo alegó desconocimiento de las actividades de Dorado en ese momento, pero el vínculo entre ambos —sostenido durante años— continúa siendo motivo de incomodidad dentro del PP. Aunque en este debate local no se mencione abiertamente, la figura de Dorado sigue evocando esa memoria política incómoda.
El contexto no se limita a esta mansión. En noviembre de 2025, el Concello de A Illa aprobó la compra de varios terrenos embargados a Dorado, también a través del Plan Nacional sobre Drogas. En una de las parcelas, ubicada en la avenida da Ponte y con unos 3.000 metros cuadrados de superficie, se construirán unas 70 viviendas de promoción pública. Otra finca situada en Outeiro se destinará a un parque urbano, y una tercera, en la zona de Testos, permitirá completar el suelo necesario para un futuro pabellón deportivo.
La operación fue presentada como parte de una estrategia de recuperación de patrimonio procedente del narcotráfico para destinarlo a necesidades sociales. “Estas parcelas pertenecieron a un narcotraficante que todos conocíamos en Galicia. Bueno, parece que todos no, pero prácticamente todos”, ironizó entonces el subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Abel Losada, en clara referencia a la relación de Feijóo con Dorado.
Desde el Concello, el alcalde Luis Arosa explicó que se había intentado coordinar el proyecto con la Xunta, enviando varias solicitudes sin respuesta. El gobierno local defiende que estas adquisiciones demuestran que los ayuntamientos pueden liderar políticas de vivienda pública allí donde la administración autonómica no actúa.
Con la mansión, el objetivo es continuar esa línea: convertir un símbolo de poder e impunidad en un recurso colectivo. “Non é ou praias ou maiores: é unha oportunidade única de recuperar patrimonio público”, defendió el PSOE. Y advierten que, si no se compra ahora, la propiedad pasará a subasta pública y podría acabar de nuevo en manos privadas.
Desde el PP, sin embargo, insisten en que hay otras prioridades. La crítica ha sido liderada por Matías Cañón, portavoz local, cuya candidatura en 2023 fue polémica por su condena por violencia de género. A pesar del compromiso inicial del presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, de apartarlo, Cañón continúa al frente del grupo popular en A Illa. La discusión, aunque formulada como un debate presupuestario, tiene un trasfondo mucho más amplio: qué se hace con el legado material del narcotráfico, quién lo gestiona y con qué fin. En una isla marcada por el recuerdo de esa época y sus consecuencias sociales, la memoria pesa. El PSOE lo resume así: “Arousa non esquece as fotos, nin as amizades, nin a dor de tantas familias”.

