Lugo ha empezado el año con ambición. A diferencia de otras capitales gallegas que aún arrastran promesas incumplidas sobre integración territorial, la ciudad amurallada ha decidido no esperar más. El alcalde Miguel Fernández acaba de anunciar la intención de sentar las bases de una futura Área Metropolitana de Lugo, una apuesta estratégica que busca reforzar la cooperación con los municipios del entorno inmediato. La propuesta nace con voluntad de consenso y sin imposiciones, en un contexto de consolidación demográfica que sitúa a la capital provincial en una posición inmejorable para liderar un nuevo modelo de desarrollo en Galicia.
De ciudad funcional a capital metropolitana
El anuncio se realizó durante el debate sobre el estado del municipio, celebrado a finales de diciembre, y responde a una visión a medio y largo plazo que quiere dotar a Lugo de nuevas herramientas de gobernanza territorial. La idea es clara: formalizar una estructura de cooperación voluntaria con concellos como Outeiro de Rei, Castro de Rei, Rábade, O Corgo o Friol, entre otros. Municipios que ya mantienen fuertes vínculos funcionales con Lugo en lo laboral, educativo, sanitario y comercial.
Fernández evita comparaciones directas, pero el modelo metropolitano que propone se presenta como alternativa al fracaso del Área Metropolitana de Vigo, un proyecto aprobado por el Parlamento gallego en 2012 pero que lleva años bloqueado por conflictos de competencia y la judicialización de su funcionamiento. Lugo busca aprender de esos errores y avanza un modelo modular: sin condiciones de activación estrictas y con incorporación progresiva de servicios como transporte, recogida de residuos o suministro de agua. Si un ámbito entra en disputa, los demás pueden seguir operativos.
El proyecto lucense también se diferencia por su enfoque colaborativo: el alcalde ha subrayado que cada paso se dará con el aval previo de los alcaldes de la comarca y con la Xunta como socia desde el inicio. La voluntad, asegura, es construir sobre el diálogo y evitar “cláusulas trampa” que puedan minar su legitimidad institucional.
Un contexto favorable: Lugo crece y se transforma
Este impulso institucional no surge en el vacío. Se produce en un momento de consolidación demográfica sin precedentes recientes para Lugo. En enero de 2025, el Instituto Nacional de Estadística confirmó que la ciudad superaba oficialmente los 100.000 habitantes, un hito que había anticipado ya el padrón municipal en junio del año anterior. Según los últimos datos del INE, Lugo alcanzó los 100.071 habitantes, y en estos momentos, según datos del propio Concello, ya se supera la barrera de los 102.000 inscritos.

Este crecimiento poblacional —706 nuevos vecinos en un año— no es anecdótico. Supone mucho más que una cifra simbólica: abre la puerta a nuevas vías de financiación estatal, activa el interés de empresas que exigen un umbral mínimo para expandirse y refuerza la posición de Lugo como nodo urbano de referencia en el interior de Galicia. “La transformación urbana ha cumplido su objetivo: hacer de Lugo un lugar mejor en el que vivir”, declaró Rubén Arroxo, teniente de alcalde, al conocerse los datos.
La evolución no se explica por un aumento de la natalidad, sino por un factor que está redefiniendo el mapa social gallego: la inmigración. Desde junio de 2024, la provincia ha ganado más de 2.500 habitantes, en su mayoría extranjeros. Lugo, con casi 43.000 residentes de origen internacional, es ya una ciudad diversa, donde el 13 % de la población nació en otro país. Nuevas historias, como la de Dana —una joven mexicana que encontró en Lugo seguridad, gastronomía y amor— o la de Julio, un emprendedor colombiano con décadas en la ciudad, ilustran esta transformación social.
El impulso del entorno rural
El fenómeno migratorio no solo está consolidando el crecimiento de Lugo capital. También está ayudando a estabilizar la población de algunos municipios rurales, una rareza en la Galicia interior. En Monterroso, por ejemplo, casi el 18 % de la población actual es extranjera. Su alcalde, Eloy Pérez, celebró recientemente haber superado los 4.000 habitantes, un dato positivo frente al declive demográfico generalizado del rural gallego.
Este tipo de dinamismo aporta sentido al proyecto metropolitano: muchos de estos municipios ya se relacionan cotidianamente con Lugo, pero lo hacen sin herramientas comunes de planificación ni servicios compartidos. La creación de un área metropolitana permitiría coordinar respuestas ante desafíos comunes: movilidad, vivienda, servicios básicos, desarrollo económico y sostenibilidad.
Un modelo que esquiva la crisis demográfica
La evolución de Lugo es aún más destacable en el contexto autonómico y estatal. Mientras otras capitales provinciales, como Ourense, pierden habitantes, Lugo ha logrado crecer un 12,6 % desde el año 2000. Es el mejor dato entre las ciudades gallegas, por encima de Pontevedra (10,5 %) y muy por delante de A Coruña (3,1 %). En parte, este crecimiento se debe a que, a diferencia de estas dos urbes, el entorno de Lugo no ha absorbido población a través de suburbanización, sino que la ciudad ha sabido retener y atraer vecinos dentro de su propio perímetro.
Este equilibrio también refuerza el planteamiento del alcalde Fernández: “Lugo debe crecer con criterio, hacia adentro y hacia afuera al mismo tiempo, sin perder su esencia ni renunciar a decidir su futuro”. La propuesta metropolitana no pretende desdibujar identidades locales, sino dotar a la comarca de una gobernanza más eficaz y competitiva.
La provincia, en positivo, pero con grietas
El dinamismo de Lugo capital se refleja en parte del resto de la provincia, que ha cerrado 2025 con un saldo demográfico positivo. Según el censo anual del INE, la provincia alcanzó los 326.022 habitantes, 974 más que el año anterior. Se trata del incremento más relevante de los últimos años.
Además de Lugo, destacan los aumentos en Monforte de Lemos (+417), Sarria (+242), Foz (+139), Vilalba (+124) y Burela (+103). También hay pequeños municipios que sorprenden por su crecimiento relativo, como Ribeira de Piquín, que sumó 55 nuevos vecinos y elevó su población por encima de los 500 habitantes.
No obstante, la recuperación demográfica tiene un rostro desigual. Muchos concellos del interior más profundo y de A Montaña siguen perdiendo población. Viveiro, por ejemplo, perdió 148 habitantes en un año. También cayeron municipios como Mondoñedo, Cervo, Xove, Pedrafita do Cebreiro o Negueira de Muñiz. La tendencia confirma un patrón conocido: crecen los núcleos con servicios, infraestructuras y empleo; retroceden aquellos sin alternativas ni relevo generacional.
Una oportunidad para redefinir el futuro
La creación de un Área Metropolitana de Lugo puede ser, en este sentido, más que una apuesta administrativa. Puede convertirse en una herramienta para redistribuir oportunidades, reforzar el eje urbano-rural y sentar las bases de un desarrollo territorial más justo. En una comunidad autónoma marcada por el envejecimiento y la dispersión poblacional, Lugo intenta abrir camino con una fórmula que prioriza el consenso, la planificación y la integración gradual.
Si logra materializarse, será la primera área metropolitana operativa de Galicia, adelantándose a proyectos eternamente aplazados como los de Vigo o A Coruña. Pero, más allá del simbolismo, lo que está en juego es una visión de futuro: un Lugo que no solo crece, sino que lidera desde la cooperación.

