El «Enero Oscuro» de Galicia: récord de lluvias y un apagón solar histórico

Los datos de la AEMET confirman que la comunidad cerró el primer mes de 2026 con el doble de lluvia y la mitad de luz solar que la media histórica
Xunta de Galicia lluvia viento alerta temporal

Galicia no solo ha vivido uno de los eneros más lluviosos de los últimos 40 años, sino también uno de los más oscuros: hemos visto el sol menos que nunca. Los datos de MeteoGalicia sitúan la precipitación media regional en los 290 litros por metro cuadrado, lo que supone una anomalía del +98% respecto a su valor climático de referencia (1981-2010). En la práctica, esto significa que ha llovido prácticamente el doble de lo habitual para un enero estándar. Esta situación no fue producto de un único episodio, sino de una persistencia inusual marcada por la llegada frecuente de borrascas atlánticas activas que, salvo en la primera semana, entraron “case sen pausa”. La Xunta, en su balance oficial, identifica este carrusel de frentes encadenados a través de las borrascas Francis, Goretti, Ingrid y Joseph, una serie que ha continuado con Leonardo, Marta, Nils y, recientemente, Oriana, alcanzando ya la letra O en la sucesión de borrascas de alto impacto.

La magnitud del episodio se entiende al analizar el detalle territorial. Mientras la media regional de MeteoGalicia es de 290 L/m² (calculada sobre 16 estaciones representativas), el mapa mensual eleva el promedio acumulado en el territorio a los 310 L/m². Los máximos se localizaron a lo largo de las Serras Litorais y, muy especialmente, en el oeste y suroeste de la provincia de A Coruña, donde los acumulados mensuales oscilaron entre los 550 y los 700 L/m². En el extremo opuesto, el informe sitúa por debajo de los 100 L/m² algunas zonas de valle del extremo este de Ourense, evidenciando un reparto desigual de la carga hídrica donde el interior sur de Galicia ha actuado, además, como epicentro de la nubosidad.

Este reparto es clave para explicar por qué el mes se vivió de forma distinta según la comarca. Al comparar los datos con el periodo 1981-2010, el valor medio del territorio gallego fue un 80% superior a lo normal, pero hubo áreas donde cayó más del doble de lo esperado, con anomalías de entre el +130% y el +170%. Es el caso de A Limia, el val del Navia, puntos de Terra Chá y el norte de la provincia de Pontevedra. Por el contrario, el Macizo Central y el extremo oriental de Ourense quedaron cerca de sus valores habituales o incluso llegaron a registrar un déficit del 20%. Dentro de este mes, el 26 de enero funcionó como resumen crítico: bajo la influencia de la borrasca Joseph, la Xunta activó un aviso rojo por precipitaciones —el primero de este nivel emitido por MeteoGalicia por lluvias—, registrándose máximos diarios de 92,2 mm en Vigo, 88,9 mm en Santiago y 71,6 mm en Pontevedra.

Más allá de los picos diarios, la persistencia se refleja en los acumulados mensuales definitivos. La AEMET registró 399,1 mm en Vigo/aeropuerto y 389,3 mm en Santiago/aeropuerto. Sin embargo, el dato más significativo se dio en Pontevedra, donde el total alcanzó los 385,6 mm, marcando el enero más lluvioso en dicha estación desde que se inició su serie histórica en 1986. Al comparar las fuentes, se observa que MeteoGalicia y AEMET utilizan marcos temporales distintos para sus anomalías (1981-2010 frente a 1991-2020), pero ambas coinciden en que enero se salió por completo de la banda estadística habitual.

La segunda gran huella del mes fue la falta de luz, un dato medible a través de la observación satelital de EUMETSAT/CM SAF. El investigador Dominic Royé (MBG-CSIC) sitúa este enero como el segundo con mayor anomalía negativa de insolación en la Península desde 1984, con 29 horas de sol menos de lo habitual, solo por detrás de 1996 (33 horas menos). En Galicia, el déficit fue drástico: Ourense registró un descenso del 57% (perdiendo entre 70 y 80 horas de luz), Pontevedra un 56%, Lugo un 55%, Santiago un 50%, Vigo un 48% y A Coruña un 46%. Royé atribuye esta disparidad a la “presión orográfica”: mientras que en la costa el viento rompe la nubosidad, el valle del Miño favorece la retención de nieblas y nubes persistentes incluso sin lluvia.

Esta reducción drástica de la luz —que en zonas como Beariz, Forcarei y Mondariz rozó las 80 horas de pérdida— tiene efectos tangibles en la salud. El déficit de exposición solar influye en la regulación de los ritmos circadianos y en la síntesis de vitamina D y serotonina, lo que puede derivar en alteraciones del estado de ánimo y fatiga. Térmicamente, el mes fue calificado como normal (8,3 ºC y anomalía de +0,3 ºC), pero el cielo cubierto actuó como un “efecto manta”: las mínimas subieron +1,3 ºC y las máximas bajaron -0,8 ºC, amortiguando los contrastes térmicos.

Finalmente, el contexto nacional encuadra este periodo como el séptimo enero más húmedo desde 1961 en la España peninsular, con una precipitación media de 119,3 mm (185% del valor normal). Galicia ha sido el foco principal de este patrón que, lejos de amainar, continúa en febrero con la borrasca Nils. Este nuevo frente ha obligado a activar la alerta naranja por vientos de 100 km/h y olas de hasta 8 metros en todo el litoral, provocando la suspensión de actividades al aire libre en centros educativos y competiciones deportivas en las zonas afectadas.

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