El futbolista gallego del Real Madrid, Álvaro Carreras, ha pasado estas vacaciones de Navidad en Dubái junto a su familia disfrutando del sol, resorts de lujo y buena comida. Hasta ahí, nada que sorprenda dentro de la vida de un joven millonario durante su periodo de descanso. Pero el defensa ferrolano no ha logrado escapar de la polémica por otra de las actividades de su viaje: el uso de animales salvajes como reclamo turístico.
En varias de sus publicaciones en redes sociales, Carreras aparece con un tigre blanco cachorro, acariciando un chimpancé y posando junto a un león. En esta última imagen aparece acompañado por su familia, junto a sus padres y hermanos. Las fotografías fueron tomadas en instalaciones privadas que ofrecen este tipo de experiencias con fauna salvaje como parte de su oferta de ocio. Dubái se ha consolidado como uno de los destinos favoritos entre deportistas durante los parones de temporada, en parte por su oferta de ocio de lujo, donde este tipo de actividades son frecuentes. Pero también es un modelo turístico cada vez más cuestionado.
Las redes no han perdonado
Las imágenes han sido recibidas con división de opiniones. Algunos seguidores han destacado lo espectacular de las fotos y la naturalidad con la que Carreras aparece en ellas. Pero muchos otros han reaccionado con dureza. En Instagram, bajo una de las imágenes del futbolista paseando al tigre, puede leerse: “Esto es exactamente lo que NO hay que hacer en vacaciones”.

Las críticas no se han limitado a comentarios aislados. Bajo sus publicaciones se ha ido acumulando una cadena de mensajes que cuestionan directamente estas prácticas y el papel de los deportistas como referentes públicos. Algunos usuarios hablan abiertamente de “maltrato animal” y de “explotación de especies salvajes con fines turísticos”. Otros señalan la normalización de comportamientos que no serían aceptables en otros contextos, como posar con animales encadenados o separados de su entorno natural. “Los tigres, leones o chimpancés no son atrezzo para selfies”, apunta un usuario.
También abundan los mensajes que denuncian el condicionamiento forzado y los posibles malos tratos sufridos por los animales en este tipo de instalaciones. “Un tigre no posa tranquilo con humanos: está encadenado y sometido. Un chimpancé bebé no está en brazos de turistas por casualidad: ha sido separado de su madre. Un león no tolera el contacto humano de forma natural: si lo hace, es por condicionamiento”, señala otra crítica difundida por organizaciones animalistas en redes.
La voz de los expertos: “Esto no es turismo ético”
Desde entidades como FAADA (Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales), especializada en bienestar animal y concienciación social, se insiste en que este tipo de turismo se sostiene sobre estrés, separaciones forzadas y cautividad. “Aunque sea legal en destinos como Dubái, no significa que sea ético”, explican. La ONG advierte que este tipo de prácticas se perpetúan cuando se normalizan a través de redes sociales y son especialmente dañinas cuando las promueven personas con visibilidad pública, como deportistas o celebridades.
Según FAADA, las consecuencias para los animales implicados son graves: desde el estrés crónico por manipulación constante hasta el uso de métodos de condicionamiento o sedación para permitir el contacto. En muchos casos, la procedencia de los animales no está clara y su futuro en cautividad es incierto. “Este comportamiento no tiene nada de natural: responde a una lógica de explotación”, resumen.
España ya ha tomado medidas
En España, este tipo de actividades ya no serían legales. La Ley de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales, en vigor desde septiembre de 2023, prohíbe el uso de animales salvajes en espectáculos como los circos en todo el país, y limita de forma estricta la tenencia de especies exóticas. También introduce un Listado Positivo de especies permitidas, que restringe la tenencia de fauna salvaje sin controles veterinarios y técnicos específicos. La sensibilidad social está cambiando, y muchos ya no ven estas imágenes como “divertidas” o “exóticas”, sino como ejemplos de lo que no debe promoverse desde perfiles con influencia pública.

