La defensa del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero protestó en el verano de 1981 por su traslado al castillo de La Palma, en Mugardos, a una celda que describió como “llena de humedad” y situada a más de 650 kilómetros de Madrid. El escrito, dirigido al Ministerio de Defensa y fechado el 28 de julio de 1981, cuestiona que la decisión se tomara por orden del Gobierno sin autorización judicial y advierte de “graves efectos” para su derecho de defensa. La queja figura entre los más de 150 documentos del 23-F difundidos estos días tras su desclasificación por parte del Gobierno de España, bajo la denominación “Traslado de peticiones de los abogados de los condenados”.
En el texto, el abogado insiste en que el cambio de prisión se produjo cuando Tejero se hallaba “enfermo”, “afectado de reuma” y con anemia, y sostiene que el internamiento en un recinto “lleno de humedad” agravaba su situación. Esa referencia médica ocupa un lugar central en la argumentación: no se trataba —según la defensa— de un traslado neutro, sino de una medida que empeoraba sus condiciones de reclusión en plena fase de instrucción.
El escrito vincula directamente el traslado a Galicia con una “evidente indefensión” por la distancia respecto al tribunal y al domicilio del letrado. La defensa subraya la necesultas frecuentes con su cliente y recalca que esa interlocución quedaba seriamente obstaculizada al estar el procesado a centenares de kilómetros.

En paralelo, el abogado reprocha que la medida partiera del Poder Ejecutivo y no de la autoridad judicial competente. A su juicio, el Ministerio de Defensa no podía impulsar el traslado “por su propia iniciativa”, extremo que presenta colas normas que regulaban los establecimientos penitenciarios militares y como un acto “nulo” por incompetencia del órgano que lo ordenaba.
El texto añade un elemento especialmente llamativo: la defensa afirma haber sido testigo de la sorpresa del juez instructor al enterarse del traslado “por televisión”, una circunstancia que —según su relato— apuntalaría que la decisión no em
Como petición final, el letrado solicita que Tejero sea conducido al Establecimiento Penitenciario Militar de Alcalá de Henares (Madrid), que considera el destino procedente para garantizar la comunicación con la defensa y evitar la indefens
La crónicas de la época
Sin embargo, el castillo de La Palma también ha quedado asociado a un relato posterior muy distinto del que plasmó la defensa en 1981. Crónicas periodísticas de la época e historias de transmisión oral de los vecinos, describen una estancia relativamente cómoda en Mugardos: celda con ventana y vistas a la ría, calefacción y baño, en un recinto militar que, por su propia naturaleza, no funcionaba como una prisión ordinaria.
Esa reconstrucción incide, sobre todo, en el día a día: visitas continuas —con partidarios que acudían al castillo y un flujo que, según testimonios recogidos, llegó a ser llamativo— y envíos de comida desde distintos puntos de España, con el marisco como símbolo de esa rutina privilegiada. La pieza menciona incluso que parte de lo recibido podía acabar compartiéndose con soldados destinados en la fortaleza.
