Dos amigos completan «del tirón» el Camino Inglés entre Ferrol y Santiago

Alberto Baltar y Paula Criado recorrieron los 112 kilómetros en 42 horas, con 26 de ellas caminando sin dormir
Alberto Baltar y Paula Criado posan en Santiago tras 41 horas de esfuerzo desde Ferrol.
Alberto Baltar y Paula Criado posan en Santiago tras 41 horas de esfuerzo desde Ferrol.

Para Alberto Baltar, el Camino de Santiago nunca ha sido solo una cuestión de paisajes o espiritualidad. Es, sobre todo, una cuestión de encaje con la vida real. “Somos currantes, non temos máis días”, resume. Por eso, cuando llega Semana Santa, toca apretar.

Este año, junto a su amiga Paula Criado, ferrolana, llevó esa filosofía al límite: completar el Camino Inglés entre Ferrol y Santiago sin dormir en ningún momento. Una aventura que empezó, como tantas otras cosas para ellos, después de trabajar.

PUBLICIDAD

«Saímos o mércores antes de Xoves Santo, despois de cumprir coa xornada laboral. Non é que colléramos vacacións para iso», explica Alberto. Autónomo, vecino de As Negradas (O Vicedo), y muy unido a Ferrol por haber pasado allí parte de su infancia, tenía claro que la única forma de hacerlo era así. «Se non o faciamos dese xeito, non o faciamos».

Ambos se conocen desde hace años y comparten una tradición desde 2022: aprovechar los pocos días libres de Semana Santa para recorrer algún Camino. Ya habían hecho el Francés desde O Cebreiro, el Portugués desde Oporto y el Lebaniego en Cantabria. Siempre, eso sí, en menos tiempo del recomendado.
«O Lebaniego está pensado para cinco días e nós fixémolo en tres. Por tempo, non por ganas», señala.

El Camino Inglés ya lo habían intentado el año anterior, pero una enfermedad de Paula truncó la experiencia. Esta vez decidieron cambiar completamente el enfoque. «Dixemos: ou o facemos do tirón ou non o facemos», recuerda Alberto.

Salieron de Ferrol el miércoles por la tarde, con la noche como aliada. «Camiñar de noite gasta menos ca de día coa calor», explica. Y la estrategia funcionó en un primer momento. «A primeira noite foi moi boa. Estabamos frescos, saímos con moitas ganas e o corpo respondía».

En total recorrieron algo más de 112 kilómetros. El tiempo global fue de unas 42 horas, aunque caminaron realmente 26. El resto se fue en paradas largas, muchas de ellas obligadas. La más importante llegó en Betanzos. «Alí estivemos arredor de cinco horas parados», cuenta. Era Jueves Santo y el local habitual para peregrinos estaba cerrado. «Tiñamos pensado almorzar nun sitio e estaba pechado, así que non quedou outra que esperar».

Esperar sin dormir. Tumbados, sin comodidad, intentando no perder el calor ni las ganas. La logística estaba muy pensada: «plátanos para o potasio, froitos secos, auga e Aquarius. Non levabamos cousas raras, pero si o necesario para ir tirando», explica.

En Betanzos también aprovecharon para cambiarse de ropa, gracias a una muda que habían dejado en un coche. A partir de ahí, ya cargaron con todo lo necesario para el frío nocturno. «Pola noite fai moito frío e pola mañá súas. Hai que ir preparado».

Si la primera noche fue cómoda, la segunda fue todo lo contrario. «A segunda noite foi horrible», reconoce sin rodeos. El frío se convirtió en el principal obstáculo. «Chegamos a ter un grao de temperatura. Tiña a barba case conxelada».

Ahí quedó claro que el verdadero reto no era físico. «Andar, andas. O problema é a cabeza», resume Alberto. «O máis difícil é vencer o sono». La sensación de caminar medio dormido, de perder concentración y de que cualquier parada pueda ser definitiva estuvo presente durante horas.

En Sigüeiro, ya de madrugada y con temperaturas muy bajas, el frío endureció todavía más el tramo final del Camino. «Chegamos con moitísimo frío e tivemos que parar unhas dúas horas nunha cafetaría para tomar algo quente e entrar en calor», relata Alberto Baltar. Allí aprovecharon para recuperar fuerzas y valorar cómo se encontraban antes de tomar una decisión. «Estabamos xa preto do obxectivo e ao final decidimos seguir», añade.

No fue así. Tras recuperar algo de calor y despejar la mente, decidieron continuar. «Ao final seguimos e conseguímolo os dous». La llegada a Santiago fue la recompensa al esfuerzo acumulado. Sin gestos grandilocuentes, pero con la satisfacción clara de haber cumplido el objetivo. Después, el cuerpo pasó factura. «No hotel durmimos 16 horas seguidas, do tirón», confiesa entre risas. «Era o que tocaba».

Con cerca de 130 kilos de peso y tras haber perdido unos 18 desde enero caminando a diario, Alberto subraya el mensaje que se queda de la experiencia: «Se estás forte de cabeza, podes facer máis do que pensas». ¿Habrá más retos? Seguro. Hablan del Camino Primitivo desde Oviedo o de rutas como la del Cares. Pero hay una cosa clara: «O próximo, con durmir polo medio».

PUBLICIDAD
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.