Con un espacio donde se pudiesen reunir aquellos personajes de historias que aún no han sido elegidos para formar parte de ellas. Así es como nació ‘Siervos de Tinta’
Una mansión, salas vacías. Y después apareció Akumi, una chica asiática que tiene una dolencia en la piel que le impide tener una relación amorosa y de amistad normal. “Dentro de la mansión ella no puede interactuar físicamente con nadie, porque implica que la piel se le va a llenar de bultos y de úlceras y de dolor. Akumi representa el amor y la amistad a distancia en un espacio físico real”, explica ilusionado el autor.
Con este libro, Pablo J. Rañales espera transmitir que estamos hechos de narraciones, de ficción y de no ficción. “Nos contamos historias constantemente, y las historias nos hacen seguir adelante. Siervos de tinta va de contarse historias; lo que me apetece que quede de la obra es que estamos hecho de narraciones. A veces son narraciones sobre dragones y caballeros andantes o seres de inframundo y otras las narraciones son sobre migrantes, o sobre el capitalismo”.
Para él, las historias han formado parte de quien es desde pequeño, cuando descubrió el placer de la lectura. Como necesidad para aislarse del mundo cuando las cosas iban mal y como remanso de paz, defiende que los libros le han proporcionado una cantidad ingente de placer y rechaza su uso como ejercicio moral.
La escritura, el eje de los libros y también del periodismo
Este joven de Mugardos, además de escritor, estudió periodismo, dos profesiones que considera que van de la mano. “Yo creo que el mejor periodismo es el que mejores historias cuenta. El periodismo va de no ficción, de no mentir, pero también de utilizar las herramientas narrativas que tenemos a la hora de escribir para hablar sobre algo”, explica convencido.
Por eso, ve su porvenir ligado a la escritura, sea haciendo reportajes, contenido para redes sociales o escribiendo novelas. ‘Yo creo que el futuro es el de las pequeñas comunidades, que te sigan, el cuidarlas mucho y el de distribuirte en muchos tipos de trabajo. Lo tienes que hacer incluso dentro de una estructura empresarial”, describe.
Aunque no tenga claro que su futuro profesional esté ligado a su tierra, el escritor defiende que siempre estará vinculado emocionalmente a los lugares que lo han visto crecer. “A Mugardos le debo la infancia y la adolescencia y a Ares la madurez, y con el apoyo que estoy recibiendo desde ambos círculos yo solo puedo decir gracias. Cada paso que doy más me miro los pies, y más me miro donde están las raíces”, cuenta emocionado.
Este pasado 27 de diciembre presentó su novela en la Biblioteca municipal de Ares, un acto muy especial para él, y al que declara que no ha llegado solo. “Ha sido gracias a la educación pública, porque me han encontrado unos profesores que me han cuidado de una manera increíble y me han motivado de una manera increíble a escribir. A mi familia, al grupo literario de Ares, gracias a mis amigos que han creído mucho en mí”, cuenta.
¿Qué viene ahora?
Con una novela ya a las espaldas, el autor cuenta que las lecciones que se lleva de este primer proyecto en solitario son muchas. La primera: escribir con la puerta cerrada. “Yo escribí Siervos de tinta con la puerta abierta, cada cinco/diez capítulos se lo enseñaba a algunas personas cercanas: “¿Qué te parece? ¿Te gusta?”, entonces me dejaba influenciar por el feedback. Yo ahora escribo con la puerta cerrada porque es mucho más sano. Voy a crear primero mi mundo, mi historia, mi rincón y cuando esté preparado el mundo, la historia y yo, lo saco a la luz, sabiendo lo que tengo entre las manos”.
Otra de las lecciones ha sido lo necesario de la planificación, frente a la visión romántica de sentarse a escribir y dejarse llevar. «Hay gente que lo hace y le sale muy bien, pero entiendo que es muy difícil. ¿El mayor mérito? Que tú puedes planificar la historia para saber que va a pasar tres pasos adelante, eso te da una entereza increíble», declara el joven mugardés.
Para Rañales, la parte más complicada de este proceso ha sido la corrección. Una actividad que puede no tener fin y que a él le ha llegado a obsesionar, corrigiendo la obra hasta 16-17 veces y buscando una perfección literaria que, sentencia, no existe: “Al final es un diálogo descarnado contigo mismo”.
A la pregunta de cuáles son sus planes de futuro, explica que ya tiene acabado el manuscrito de lo que espera sea una segunda novela que verá la luz este año o el próximo, y que ya está escribiendo la tercera, que será en gallego. Ambos proyectos son de realismo mágico. “Intento no obsesionarme, pero me he dado cuenta que los tiempos en los que he estado sin escribir ficción me han repercutido mucho en mi salud mental. Lo eché mucho de menos y por eso digo que escribir me ayuda a entender y entenderme”, finaliza.