El principio de “prioridad nacional” que han ha incorporado Vox y PP a sus pactos de gobierno en Extremadura y Aragón ha sido el concepto más comentado de las últimas semanas. El obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Fernando García Cadiñanos, no ha dejado pasar la polémica y ha enviado una carta pastoral a sus fieles donde detalla en qué consiste la «preferencia evangélica», claramente opuesta a la «prioridad nacional».
«La preferencia que me gusta es la que no distingue entre hermanos y extranjeros, entre propios y extraños, porque en Cristo todos hemos sido hechos hermanos. Ya “no hay judío ni gentil”, sino todos iguales desde la riqueza que otorga la identidad diversa convocada al trabajo en la misma casa común», asegura el obispo.
La persona, primera prioridad
Una de las ideas centrales del documento es que la prioridad fundamental es cada persona, sin distinción. El obispo insiste en que la dignidad humana está por encima de cualquier condición política, social o administrativa. Desde esta perspectiva, rechaza implícitamente que criterios como la nacionalidad puedan situarse por delante de la persona. Para el prelado, ninguna estructura puede relativizar el valor intrínseco de cada ser humano.
También subraya con especial énfasis que la prioridad evangélica sitúa a los más vulnerables en el centro. «Los pobres, los excluidos y quienes quedan al margen no son un elemento secundario, sino el punto de partida para construir la sociedad». Según su planteamiento, sólo desde ellos es posible una comunidad verdaderamente integrada y solidaria.
Una preferencia que supera fronteras
Finalmente, el prelado insiste en una idea que atraviesa toda su reflexión: no hay distinción entre “propios” y “extraños”. Esta preferencia evangélica apuesta por una fraternidad universal en la que todos son considerados iguales, lo que contrasta con planteamientos basados en la exclusión o en la primacía nacional.
A lo largo de su carta, el obispo reconoce que propone “otra prioridad” distinta a la dominante en el debate público. Sin embargo, defiende que este enfoque no genera división, sino que apuesta por una sociedad más humana, cohesionada y esperanzadora.
