Galicia entra en agosto con el 60% de sus concellos en prealerta por la falta de agua

Cinco meses con casi la mitad de lluvia de lo habitual han reducido el caudal de los ríos, vaciado manantiales y situado los embalses del litoral en su peor nivel de los últimos 15 años
Embalse de A Veiga
Embalse de A Veiga

Galicia salió del invierno con los ríos crecidos, los suelos saturados y los embalses favorecidos por varios trenes de borrascas. Apenas medio año después, el escenario es muy distinto. La lluvia perdió continuidad al terminar febrero y la comunidad encadena desde entonces meses especialmente secos. Las consecuencias ya se perciben en las grandes reservas, pero también en los cauces fluviales, las captaciones municipales y las pequeñas traídas vecinales que abastecen a numerosos núcleos rurales.

La situación todavía no implica un riesgo generalizado para el suministro doméstico. Sin embargo, los indicadores han empeorado lo suficiente como para que alrededor del 60 % de los concellos gallegos se encuentre bajo un escenario de prealerta por escasez de agua.

A los 31 municipios incluidos desde el 8 de julio en los avisos de Galicia Costa se suman ahora más de 150 concellos pertenecientes a la demarcación hidrográfica Miño-Sil. El nivel amarillo se extiende así por buena parte de las provincias de A Coruña, Lugo, Ourense y Pontevedra.

La declaración no significa que Galicia se haya quedado sin agua. Advierte de que los recursos disponibles han descendido por debajo de los valores considerados normales para esta época y de que es necesario reforzar la vigilancia antes de que aparezcan dificultades mayores.

Los ríos del Miño-Sil llevan un 45 % menos de agua

La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil ha declarado la prealerta por escasez coyuntural en cinco de los seis sistemas territoriales de su demarcación: Miño Alto, Cabe, Sil Inferior, Baixo Miño y Limia. El único sistema que permanece en situación de normalidad es el Sil Superior, localizado principalmente en las comarcas leonesas de El Bierzo y Laciana.

La decisión fue adoptada por la Oficina Técnica de la Sequía después de analizar el comportamiento de las lluvias, los ríos, los embalses y las demandas de agua. Uno de los datos más significativos es el descenso del caudal circulante: durante julio, los ríos de la demarcación llevaron aproximadamente un 45 % menos de agua de lo habitual para ese mes.

El deterioro se explica por la ausencia continuada de precipitaciones. Entre marzo y julio, la lluvia recogida en el territorio Miño-Sil fue un 49 % inferior a la media histórica de ese período, según los datos difundidos por el organismo de cuenca.

El balance del conjunto del año hidrológico todavía puede resultar engañoso. Las abundantes precipitaciones del invierno mantienen el acumulado desde octubre ligeramente por encima de la media, pero esa reserva estadística no evita que los caudales reaccionen al prolongado período seco de la primavera y el verano.

La CHMS recuerda que la prealerta es un escenario preventivo y ha pedido a los ayuntamientos que intensifiquen el control de sus captaciones, depósitos y redes de suministro. También recomienda reducir los usos no esenciales, como el baldeo de calles, el riego de jardines y campos deportivos o el funcionamiento de fuentes ornamentales.

Los embalses pierden agua semana tras semana

El descenso de las reservas es visible en las dos demarcaciones hidrográficas que dividen Galicia. La cuenca del Miño-Sil depende del Estado porque también abarca territorios de Castilla y León y Asturias, mientras que Galicia Costa es gestionada directamente por la Xunta.

Según el Boletín Hidrológico semanal del Ministerio para la Transición Ecológica, los embalses del Miño-Sil perdieron 57 hectómetros cúbicos en siete días y se situaron al 70,4 % de su capacidad total. En Galicia Costa, la reducción semanal fue de 12 hectómetros cúbicos, hasta una ocupación global del 62,1 %.

Estas cifras incluyen embalses con finalidades diferentes, como la producción hidroeléctrica. Al considerar únicamente las reservas destinadas al abastecimiento urbano, la situación es más favorable: alrededor del 80 % en Miño-Sil y del 86 % en Galicia Costa, con unos 308 hectómetros cúbicos disponibles entre ambas demarcaciones.

El boletín ministerial se elabora semanalmente con información procedente de las confederaciones hidrográficas, las administraciones autonómicas, la Agencia Estatal de Meteorología y Red Eléctrica. Además de los volúmenes almacenados, analiza los caudales fluviales, las precipitaciones y la situación de los diferentes sistemas de explotación. Los datos son provisionales y pueden someterse posteriormente a revisión.

Galicia Costa registra su peor dato en 15 años

La evolución es especialmente desfavorable en los embalses de abastecimiento del litoral. Su ocupación media se situó al finalizar julio en el 76,3 %, el porcentaje más bajo registrado en esa semana durante los últimos 15 años, según la serie de Augas de Galicia.

La distancia respecto a los ejercicios anteriores es considerable. El siguiente peor registro corresponde a 2015, cuando las reservas alcanzaban el 83,3 %. En 2017, el tercer año más desfavorable de la serie, los embalses terminaban julio al 84,1 %.

La referencia a 2017 resulta especialmente significativa. La ausencia de lluvias continuó durante el otoño y desembocó en una de las sequías más graves de las últimas décadas. En diciembre de aquel año, la Xunta declaró la alerta por escasez en todos los municipios de Galicia Costa.

El episodio coincidió además con los incendios que en octubre castigaron especialmente el sur de Pontevedra y el área de Vigo. La sequedad acumulada no fue la única causa de aquellos fuegos, pero contribuyó a crear unas condiciones especialmente favorables para su propagación.

La situación actual no permite anticipar que Galicia vaya a repetir aquel escenario. Sí muestra, en cambio, que las reservas llegan a agosto con menos margen que en cualquiera de los últimos 15 años.

De Vilagarcía a Cecebre: nueve presas, nueve situaciones

El porcentaje medio oculta diferencias muy importantes entre los nueve embalses de abastecimiento gestionados en Galicia Costa.

Pontillón de Castro, que abastece al área de Pontevedra, se encuentra aproximadamente al 84 %, mientras que Cecebre, principal reserva del área coruñesa, ronda el 83 %. As Forcadas, del que depende Ferrol y varios municipios de su entorno, está al 67 %, su menor volumen en 25 años.

Las situaciones más llamativas se registran en Baiona, donde la presa se encuentra por debajo de la mitad de su capacidad, y en Vilagarcía de Arousa, cuyo pequeño embalse está alrededor del 17 %.

El dato de Vilagarcía, pese a su impacto visual, no implica por sí solo un riesgo inmediato para la localidad. El municipio obtiene una parte relevante de su agua del río Umia y ese embalse no constituye su única ni su principal fuente de suministro.

Este ejemplo permite entender por qué el porcentaje de ocupación de una presa no basta para decidir si un territorio debe entrar en prealerta. También se valoran el origen del agua consumida, el caudal de los ríos, el estado de las captaciones, el volumen de demanda y las previsiones meteorológicas.

Pontevedra, por ejemplo, está incluida en el nivel amarillo pese a que Pontillón de Castro conserva una ocupación relativamente elevada. La principal preocupación se encuentra en el bajo caudal del río Lérez, del que la ciudad capta una parte importante de su abastecimiento.

Vilagarcía, pese al reducido volumen de su embalse, todavía no está incluida en ningún aviso oficial.

El Lérez y el Anllóns ponen en prealerta a 31 concellos

La Oficina Técnica da Seca de Galicia Costa mantiene desde el 8 de julio la prealerta por escasez moderada en los sistemas del río Lérez y de parte del Anllóns.

El aviso afecta a 31 ayuntamientos: Beariz, Barro, Bueu, Campo Lameiro, Cangas, Cerdedo-Cotobade, A Estrada, Forcarei, A Lama, Marín, Meaño, Meis, Moaña, Moraña, Poio, Ponte Caldelas, Pontevedra, Sanxenxo, Silleda, Vilaboa, Arteixo, Cabana de Bergantiños, Carballo, Cerceda, Coristanco, Culleredo, A Laracha, Malpica, Ponteceso, Tordoia y Zas.

Baiona no forma parte formalmente de las unidades territoriales en prealerta, aunque la Xunta ha recomendado aplicar allí las mismas medidas de precaución debido al estado de su reserva.

La activación del nivel amarillo implica reforzar el seguimiento y pedir a los municipios que anticipen medidas de ahorro. No supone todavía restricciones obligatorias generales decretadas por la Administración autonómica.

Son los concellos, como responsables del abastecimiento urbano, los que pueden establecer prohibiciones concretas en función de sus reservas y de la capacidad de sus redes.

Las traídas rurales, el eslabón más vulnerable

Los grandes embalses ofrecen únicamente una parte de la fotografía. Muchos municipios gallegos se abastecen directamente de los ríos o de captaciones subterráneas, mientras que miles de viviendas del rural dependen de manantiales, fuentes y traídas gestionadas por las propias comunidades vecinales.

Estas pequeñas redes suelen disponer de menos capacidad para almacenar agua y reaccionan con mayor rapidez a la falta de precipitaciones. Aunque los grandes sistemas mantengan reservas suficientes, una fuente o un manantial puede perder caudal después de varias semanas secas y dejar en una situación delicada a un núcleo concreto.

En algunas zonas ya se están registrando dificultades de este tipo. La menor recarga de los suelos y acuíferos superficiales reduce las aportaciones a las traídas, aumenta el riesgo de interrupciones y obliga a recurrir a depósitos auxiliares o suministros mediante cisternas.

Las aguas subterráneas de Galicia se mantienen en términos generales en una situación favorable, aunque existen dos masas especialmente sensibles: Xinzo de Limia y el Aluvial del Louro, en el entorno de O Porriño. Ambas soportan una presión elevada y presentan problemas históricos relacionados con su explotación.

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