Un furancho de Redondela, multado con 45.000 euros por no dar de alta a ocho trabajadores

El establecimiento, con licencia y situado en Reboreda, pagaba 45 euros por jornada a sus empleados, yendo más allá de la "colaboración familiar" permitida por la normativa
Imagen de archivo de varias personadas tomando vino en cuncas.
Imagen de archivo de varias personadas tomando vino en cuncas.

Un establecimiento tradicional tipo furancho ubicado en la parroquia de Reboreda, en Redondela, ha sido sancionado con 45.000 euros por tener a ocho trabajadores sin dar de alta en la Seguridad Social. La sentencia, dictada el 9 de febrero de 2026 por el juzgado de lo Social número 2 de Vigo, confirma las multas impuestas por la Inspección de Trabajo, que ascienden a 5.625 euros por cada empleado.

Una inspección que destapó la actividad laboral

Los hechos se remontan al 4 de julio de 2024, cuando dos inspectoras acudieron al local en pleno horario de apertura. Durante la visita comprobaron que el furancho funcionaba como un negocio de hostelería convencional, con servicio de comidas y bebidas en una finca habilitada con mesas exteriores y una cocina en funcionamiento.

En el interior, las funcionarias identificaron a varias personas desempeñando tareas propias de restauración, como cocina y atención a clientes. Según la resolución judicial, estas personas no actuaban como colaboradores ocasionales, sino que percibían una retribución de 45 euros por jornada, además de propinas, lo que evidencia una relación laboral.

El juez descarta la “ayuda voluntaria”

El magistrado subraya que la normativa permite cierta colaboración familiar en este tipo de establecimientos, pero recalca que en este caso concurren elementos claros de dependencia y ajenidad, propios de una relación laboral. Por ello, rechaza que se trate de trabajos de buena voluntad o apoyo puntual. “No cabe hablar de voluntariado cuando existe una actividad económica definida y una remuneración”, recoge la sentencia.

El propietario del furancho alegó que, al tratarse de una vivienda privada, las inspectoras no podían acceder sin autorización. Sin embargo, el juez desestimó este argumento, señalando que la licencia para operar como furancho implica aceptar controles administrativos.

Además, aclara que la inspección se realizó únicamente en las zonas destinadas a la actividad económica, como la cocina o el almacén, sin afectar al espacio privado del domicilio.

Tradición regulada bajo vigilancia

Los furanchos son una tradición muy arraigada en el área de Vigo, donde particulares ofrecen vino de cosecha propia acompañado de tapas. No obstante, esta actividad está sujeta a normativa y supervisión por parte de la administración.

Este caso refuerza la idea de que, pese a su carácter tradicional, estos establecimientos no quedan al margen de la legislación laboral, especialmente cuando existe contratación de personal y actividad económica continuada.

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