La incógnita sobre quién encabezará el cartel del Partido Popular en las próximas elecciones municipales de 2027 en la capital gallega parece haberse despejado, no por un proceso de primarias ni por aclamación de las bases, sino por la voluntad expresa de la cúpula autonómica.
Durante meses, se había especulado intensamente sobre si la propia Paula Prado, secretaria general del PPdeG y verdadera «mujer fuerte» de la formación, daría un paso al frente como candidata de peso para recuperar Santiago frente al BNG de Goretti Sanmartín. Este escenario mantuvo en vilo al partido, especialmente cuando el presidente Alfonso Rueda titubeó al principio, evitando confirmar a Verea y remitiéndose a los tiempos orgánicos del partido.
Paula Prado selló el destino de Verea
Sin embargo, el clima de incertidumbre comenzó a cambiar tras un calculado gesto de comunicación política en redes sociales. Rueda apareció en una fotografía en Instagram haciendo running junto a Borja Verea, aprovechando la ocasión para afirmar que era un «buen candidato».
Pero el movimiento definitivo no llegó hasta el pasado 20 de abril, cuando Paula Prado dio su visto bueno oficial y anunció públicamente su respaldo. Con este gesto, Prado ha sellado el destino de Verea al otorgarle un apoyo que, en la práctica, supone el fin de cualquier otra alternativa interna y reafirma que la última palabra en Santiago siempre pasa por su despacho en San Lázaro.
Borja Verea, el perfil ideal
Este respaldo garantiza la continuidad de un perfil que el PP ha intentado pulir minuciosamente. Borja Verea, santiagués de 1980 y doctor en Derecho, cuenta con una sólida trayectoria técnica como funcionario de habilitación nacional y ex secretario xeral técnico en la Xunta.
Tras lograr 11 concejales en 2023 —quedándose a las puertas de la mayoría absoluta—, Verea ha centrado su labor de oposición en denunciar la «parálisis» de la ciudad, tratando de proyectar una imagen de gestor eficaz frente al actual gobierno de coalición. Sin embargo, su consolidación como líder local no ha bastado para evitar que su candidatura dependiera, hasta el último momento, de los planes personales de la secretaria general.


