Buscar un piso de alquiler en A Coruña se ha convertido en una carrera contra el reloj. Los anuncios aparecen, acumulan mensajes en cuestión de minutos y, en muchos casos, desaparecen antes de que el interesado pueda concertar una visita. Activar alertas, revisar los portales varias veces al día y tener preparadas las nóminas y el contrato de trabajo ya forma parte de la rutina.
El problema no es únicamente que los alquileres sean caros. Es que hay menos viviendas entre las que elegir y muchas más personas intentando acceder a ellas. El último Barómetro del Alquiler sitúa a la provincia de A Coruña con 5.647 viviendas ofertadas menos que en 2025, el mayor retroceso recogido en la comparativa publicada.
La caída abarca al conjunto provincial, aunque sus efectos se sienten con especial intensidad en la capital y su entorno, donde se concentra una parte importante del empleo, los servicios y la demanda residencial. No se trata de 5.647 viviendas que hayan desaparecido físicamente, sino de pisos que han dejado de estar disponibles en el mercado del alquiler habitual.
En la ciudad se cierra, además, la otra salida. El precio de la vivienda usada alcanzó en mayo un récord de 3.157 euros por metro cuadrado, después de subir un 15,5% en doce meses. La capital coruñesa se situó así 362 euros por encima de la media española. El mercado ha levantado una doble barrera: menos oportunidades para alquilar y viviendas cada vez más caras para comprar.
Un piso de 80 metros ya supera los 252.000 euros
La cifra por metro cuadrado adquiere otra dimensión cuando se traslada a una vivienda concreta. Al precio medio registrado en mayo en la ciudad, un piso usado de 80 metros costaría unos 252.500 euros, antes de sumar impuestos, gastos de compraventa o una posible reforma.
Para solicitar una hipoteca no basta con poder afrontar las cuotas. El comprador necesita ahorros para cubrir la parte del precio que el banco no financia y los gastos asociados a la operación. En una vivienda de ese importe, la cantidad previa puede elevarse a varias decenas de miles de euros.
Muchas personas permanecen por ello en el alquiler no porque sea su opción preferida, sino porque no consiguen reunir el dinero necesario para comprar. La trampa se cierra cuando una parte elevada del sueldo se destina cada mes a la renta: cuanto más se prolonga esa situación, más difícil resulta ahorrar para la entrada.
El alquiler deja entonces de funcionar como una etapa anterior a la propiedad y se convierte en una permanencia forzosa. Eso añade todavía más demanda a un mercado en el que ya faltan pisos.
La presión se extiende por los barrios
El encarecimiento de la compraventa tampoco se limita a las calles más exclusivas. Ciudad Vieja-Centro alcanzó en mayo los 4.058 euros por metro cuadrado, mientras Ensanche-Juan Flórez llegó a los 4.014. Son los dos distritos más caros de la ciudad, pero no los que más subieron.
Los mayores incrementos aparecieron precisamente en zonas que tradicionalmente ofrecían precios más bajos. Los Castros-Castrillón-Eirís se encareció un 27,4% en un año; Monte Alto-Zalaeta-Atocha, un 23,2%; y Os Mallos, un 21,5%.
La presión se desplaza así desde el centro hacia los barrios en los que buscaban refugio quienes no podían asumir los precios de las zonas más caras. Cuando esos compradores llegan a los distritos más asequibles, también allí aumentan la competencia y los precios.
Agra do Orzán-O Ventorrillo seguía siendo el área más económica entre las analizadas, con 2.400 euros por metro cuadrado, pero incluso esa referencia había subido un 19,3% en doce meses. Lo barato es cada vez menos barato.
Galicia marca máximos y A Coruña queda por encima
La tensión coruñesa forma parte de un mercado gallego que continúa encareciéndose. El alquiler anunciado alcanzó en Galicia los 9,8 euros por metro cuadrado en mayo, un 4,4% más que un año antes y el nivel más alto de la serie hasta ese momento. En junio avanzó hasta los 9,9 euros.
Un piso de 80 metros al precio medio gallego rondaría así los 790 euros mensuales. En la ciudad de A Coruña, donde la demanda es mayor, la referencia superaba los once euros por metro cuadrado, lo que elevaría una vivienda del mismo tamaño hasta cerca de los 890 euros.
El salto se nota especialmente en las principales áreas urbanas. A Coruña atrae trabajadores, estudiantes y familias de otros puntos de la provincia, pero su parque residencial no ha crecido al mismo ritmo. Cuando escasean los pisos en la capital, la búsqueda se desplaza hacia Oleiros, Culleredo, Cambre, Arteixo o Sada y eleva también allí la competencia.
La alternativa metropolitana puede ofrecer una renta algo más baja, pero obliga a sumar el coste del coche, el combustible, el aparcamiento o el transporte público. El ahorro en la vivienda termina pagándose muchas veces en movilidad y tiempo.
A Coruña pierde oferta mientras Ourense la gana
El contraste con Ourense muestra hasta qué punto la vivienda avanza a distintas velocidades dentro de Galicia. Mientras la provincia coruñesa registra 5.647 viviendas menos en oferta, la de Ourense incorpora 336 más en la misma comparativa.
La ciudad de A Coruña y su entorno concentran empleo, hospitales, universidad, administración, comercio y servicios. Esa capacidad de atracción aumenta la presión sobre la capital y acaba extendiéndose hacia buena parte de su área metropolitana.
Ourense soporta una demanda menos intensa y cuenta con numerosos municipios afectados por la pérdida de población. Eso no significa que no existan dificultades en la capital ourensana, sino que el crecimiento de la oferta provincial responde a una realidad demográfica y económica distinta.
La comparación revela uno de los grandes desequilibrios gallegos: hay viviendas donde disminuye la población y faltan precisamente en los lugares que concentran las oportunidades laborales.
Una casa cerrada en un municipio alejado no resuelve la necesidad de quien debe acudir cada mañana a un hospital, una oficina o un comercio de A Coruña.
Cada vez más personas comparten piso
La falta de oferta está cambiando también la forma de vivir. Casi uno de cada cuatro inquilinos comparte ya vivienda y el alquiler de habitaciones representa alrededor del 16% del mercado. La edad media de quienes recurren a esta modalidad ha ascendido hasta los 36 años, una señal de que compartir piso ha dejado de ser una solución ligada únicamente a estudiantes o jóvenes recién emancipados.
Detrás de ese cambio hay una decisión económica sencilla: cuando no se puede asumir una vivienda completa, se alquila una habitación. El problema es que lo que antes podía ser una etapa temporal se prolonga durante años y alcanza a trabajadores que, pese a tener ingresos, no pueden pagar solos un piso en la ciudad.
El tramo de alquiler más buscado se sitúa entre los 700 y los 900 euros mensuales, precisamente la franja en la que se concentra buena parte de la demanda.
La competencia aumenta todavía más sobre esos pisos. Una vivienda con un precio razonable puede recibir decenas de solicitudes en sus primeros días de publicación, lo que permite al propietario seleccionar entre candidatos con nóminas, contratos indefinidos, avales y referencias.
El precio importa, pero cada vez importa más llegar antes que los demás.