La futura planta de SAIC en Ferrol —una inversión de unos 200 millones de euros destinada a generar hasta 2.000 puestos de trabajo directos e indirectos— se ha convertido en un nuevo instrumento para que la extrema derecha española exhiba un nacionalismo de corte patriótico y una retórica visceralmente anticomunista. En este contexto, el eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, ha lanzado una intensa ofensiva en las redes sociales para presentar este proyecto industrial como una supuesta operación de espionaje orquestada por Pekín, yendo mucho más allá de las cautelas de seguridad planteadas en los últimos días.
Con una comunidad que supera los 400.000 seguidores en la red social X, Tertsch elude cualquier matiz sobre riesgos potenciales o precauciones técnicas y califica el espionaje como un hecho consumado. «El PP con el PSOE apoyan la creación de una base de espionaje chino disfrazada de fábrica de coches junto a la base naval del Ferrol, puerto clave de la OTAN», publicó este lunes, añadiendo en el mismo hilo que «miembros de la OTAN se muestran alarmados».
Este planteamiento marca un giro drástico en la narrativa pública: se pasa de examinar la proximidad estratégica de una compañía china al Arsenal y a Navantia a tildar directamente la factoría de tapadera para vigilar a la Alianza Atlántica. El eurodiputado ha mantenido esta línea argumental de manera insistente.
En otra de sus publicaciones afirma que «Alemania alarma contra el disparate de la Junta de Galicia» por respaldar la factoría y sostiene que «la OTAN comienza a ver» la gestión del Ejecutivo de Pedro Sánchez como «un grave peligro». Además, Tertsch sostiene que «el poder corruptor chino es aún mayor si cabe que el de los narcos», vinculando la controversia industrial con graves imputaciones de corrupción y sumisión a Pekín. Su discurso alcanzó cotas aún más explícitas en otro mensaje: «Dice el gobierno que China está muy contenta con poder espiar a la OTAN en Ferrol».
Tras poner en tela de juicio los empleos anunciados por SAIC, arremete conjuntamente contra populares y socialistas: «Poderse poner a espiar tan fácilmente solo se consigue con buenos amigos que manden como el PP y el PSOE». De este modo, Tertsch transforma un debate técnico sobre controles de seguridad nacional en un relato de alto voltaje político: China busca espiar, Ferrol funcionará como su plataforma y tanto el PP como el PSOE se encargan de facilitarlo.
Las instituciones gallegas rebajan el relato
Frente a esta tesis alarmista, los organismos que llevan meses tramitando la iniciativa ofrecen una perspectiva mucho más prudente. Las informaciones disponibles reflejan cierta inquietud en el Ministerio de Defensa y en el CNI debido a la cercanía de las instalaciones previstas con el Arsenal de Ferrol y los astilleros de Navantia, donde se construyen las modernas fragatas F-110. Sin embargo, fuentes consultadas indican que durante el proceso de negociación no se aportaron informes de Defensa que confirmasen un riesgo real para la seguridad nacional, y el propio ministerio ha evitado avalar públicamente tales advertencias.
El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, tachó de «sorprendente» que estas dudas afloren ahora, después de meses de tramitación conjunta con el Estado sin que ningún departamento hubiese puesto objeciones previas.
En la misma línea, el alcalde de Ferrol y presidente de la Comisión de Defensa del Senado, José Manuel Rey Varela (PP), ha restado credibilidad a este relato, sugiriendo que responde «más a intereses empresariales que a intereses de seguridad». Asimismo, zanjó la polémica con una reflexión gráfica: «Vivimos en el 2026 y no en 1941», recordando que para supervisar los movimientos en la ría ya no se requiere estar apostado junto al Arsenal.
Por su parte, la Autoridad Portuaria puntualiza que la planta no compartirá espacio con instalaciones militares y subraya que el Arsenal es perfectamente visible desde múltiples puntos de la ciudad y de A Graña, un entorno que además cuenta con protocolos de protección y comisiones de seguridad supervisadas por el propio Ministerio de Defensa.
«Base de espionaje»
Someter una inversión china próxima a enclaves militares a filtros específicos se alinea con los estándares ordinarios de seguridad nacional. De hecho, el proyecto requiere el visto bueno del Consejo de Ministros por tratarse de una inversión exterior que incide en una infraestructura crítica como el puerto de Ferrol, habiendo confirmado el Ejecutivo que analizará todas las derivadas e impondrá las condiciones necesarias para garantizar su viabilidad.
Cuestión muy distinta es dar por sentado que SAIC persigue espiar a la Armada o a la OTAN. Es precisamente en este margen donde la extrema derecha ha hallado el hueco idóneo para amplificar su discurso. Tertsch prescinde del análisis cauteloso de la ubicación industrial para denunciar directamente una «base de espionaje chino» solapada por las grandes formaciones políticas. La distinción resulta fundamental: mientras existe una discusión legítima sobre seguridad, la afirmación de que Ferrol se encamina a ser un centro de espionaje constituye, por ahora, una tesis política lanzada sin pruebas que la sustenten.
Mientras tanto, sobre la mesa sigue formalizada una inyección económica superior a los 196 millones de euros, la previsión de 1.000 empleos directos y otros tantos indirectos, y una capacidad productiva estimada en 120.000 vehículos híbridos y eléctricos al año. Una oportunidad industrial de semejante magnitud ha quedado reducida en pocos días, dentro de la estrategia discursiva de Vox, de simple fábrica automovilística a un virtual caballo de Troya de Pekín en Galicia.