Galicia podría perder otro diputado en el Congreso y ya van cinco desde 1977. El último censo de población publicado por el INE arroja un escenario de incertidumbre de representación electoral para la comunidad. Y es que Ourense podría perder un diputado si se celebrasen elecciones con los datos actuales.
En las generales de 2023, la comunidad eligió 23 diputados repartidos por provincias en estas magnitudes: A Coruña 8, Pontevedra 7, Lugo 4 y Ourense 4. La clave es que esa cifra no es «para siempre». Cada convocatoria general incorpora un reparto por circunscripciones que, en la parte variable, se recalcula con los datos de población. Cuando varias provincias quedan muy cerca en la frontera del último escaño, el cambio puede depender de diferencias mínimas en términos relativos: no porque «valga un escaño» un puñado de habitantes, sino porque el sistema obliga a adjudicar asientos enteros y siempre existe un último asiento que entra y otro que se queda fuera por un margen estadístico.
Con el último censo oficial (a 1 de enero de 2025), la situación de Galicia es crítica en Ourense. La provincia llega a los 305.573 habitantes y logra sumar 1.055 residentes tras tres años de caídas. Sin embargo, este crecimiento no asegura el escaño, ya que el sistema no premia el aumento absoluto, sino la posición frente al resto de España. Ahora mismo, Ourense ocupa el penúltimo lugar en el reparto de escaños por población: conservarlo depende de que ninguna otra provincia la adelante por un margen mínimo.
Las provincias que más presionan en este punto son las grandes y con crecimiento constante. A una demarcación con mucha población le basta subir unas decenas de miles de habitantes para forzar un escaño adicional. Barcelona es la candidata con más opciones de dar ese salto: si en el próximo censo crece unos 52.000 habitantes y las demás se mantienen estables, ganaría un diputado. El riesgo es real porque su crecimiento reciente ha sido de más de 82.000 personas en un solo año, superando con creces esa cifra.
En esta disputa también entran otros territorios. Ciudad Real se acerca al medio millón de residentes tras ganar 4.000 habitantes desde las últimas generales. Por el contrario, Tenerife, aunque está cerca en el corte, ha perdido unos 5.000 habitantes, lo que reduce su presión sobre el reparto. No es un duelo cerrado entre dos, sino una carrera por los últimos asientos disponibles donde cualquier variación mínima altera el orden de adjudicación.
Retroceso desde la Transición
Para entender la magnitud del retroceso, hay que mirar la foto completa. En 1977, Galicia contaba con 27 diputados en el Congreso. El desglose provincial de aquel entonces deja clara la potencia política inicial de la comunidad: A Coruña eligía 9, Lugo 5, Ourense 5 y Pontevedra 8.
Comparado con los 23 actuales, el saldo desde la Transición es una pérdida neta de 4 escaños. Este dato sitúa el fenómeno en una perspectiva de largo recorrido: no se trata de un sobresalto puntual, sino de una tendencia coherente con el desplazamiento del peso demográfico hacia otras provincias que crecen a un ritmo mucho más intenso, como Madrid o el arco mediterráneo. Es, en esencia, un mapa que se inclina hacia el Este.
El PP perdería un diputado
En las elecciones de 2023, el resultado final fue de 3 escaños para el Partido Popular y 1 para el PSOE. El detalle fundamental para entender el riesgo actual es cuál fue el último escaño adjudicado en ese recuento: se trató del tercer diputado del PP, acta que ocupa actualmente Rosa Quintana. Si en las últimas generales (23J 2023) Ourense hubiera repartido 3 escaños en vez de 4, con los mismos votos el resultado habría sido PP 2 y PSOE 1. Es decir, el PP perdería un escaño y el PSOE mantendría el suyo. La razón es puramente mecánica: al bajar el tamaño de la circunscripción, desaparece el cuarto asiento y el reparto se queda con los tres cocientes más altos.
Con los datos de voto de 2023 en Ourense, el PP fue la lista más votada y el PSOE la segunda, a mucha distancia del resto (BNG, Sumar y Vox). En un reparto con tres diputados, el esquema típico en una provincia así es que el primer escaño va al PP, el segundo al PSOE y el tercero vuelve al PP, porque el “segundo cociente” del PP (su voto dividido entre 2) sigue estando por encima del “segundo cociente” del PSOE (su voto dividido entre 2), y muy por encima de la primera división de las fuerzas más pequeñas.
Menos peso y menor pluralidad
Si el reparto territorial previo a una convocatoria electoral decidiera que Ourense debe bajar a 3 diputados, se producirían dos efectos inmediatos. El primero es que Galicia perdería un escaño en el total autonómico, ya que el Congreso no crea asientos nuevos, sino que los redistribuye entre las 50 provincias. Esto reduce el peso de la comunidad en la aritmética parlamentaria nacional, una pérdida de influencia que en legislaturas de mayorías ajustadas resulta determinante para negociar inversiones o infraestructuras.
El segundo efecto es el endurecimiento del acceso a la representación dentro de la propia provincia. Una circunscripción con 3 diputados se comporta de forma mucho más cerrada que una de 4. Al haber menos asientos disponibles, cada uno exige una porción mayor de voto. La representación se concentra en las fuerzas más votadas y se vuelve mucho más difícil que el reparto refleje los matices del electorado. En la práctica, el sistema premia más al ganador y castiga con mayor dureza a quien se queda cerca del objetivo pero no alcanza el umbral necesario para entrar en el reparto.
