Así se gestó la llegada de SAIC Motors a Galicia

El desembarco en Ferrolterra del gigante asiático es fruto de cuatro años de negociaciones entre España y China, aceleradas por la presión de los aranceles de Bruselas.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su viaje oficial a China en abril de 2026, donde visitó empresas líderes del sector tecnológico y de la automoción para blindar la llegada de inversiones a España.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su viaje oficial a China en abril de 2026, donde visitó empresas líderes del sector tecnológico y de la automoción para blindar la llegada de inversiones a España.

El gigante chino de la automoción SAIC, matriz de la popular marca MG, ha confirmado una inversión histórica de 200 millones de euros para instalar su primera gran fábrica europea en Galicia. El proyecto, que se desplegará entre el Puerto Exterior de Ferrol y As Pontes para producir 120.000 vehículos al año, promete crear más de 2.300 empleos directos y revolucionar el tejido industrial de la comunidad. Sin embargo, este anuncio no es fruto de la casualidad ni de un acuerdo de última hora.

Detrás del proyecto existe una historia mucho más larga que arranca al menos en 2022 y que mezcla el espectacular crecimiento de MG en Europa, la guerra comercial entre Bruselas y Pekín, la búsqueda desesperada de una fábrica europea por parte del fabricante chino y una intensa labor diplomática desarrollada durante años tanto por el Gobierno central como por la Xunta.

La historia comienza antes incluso de que Europa empezase a hablar de aranceles.

En 2022, SAIC ya observaba con atención la evolución de MG en el continente. La histórica marca británica, recuperada por el grupo chino años atrás, estaba registrando un crecimiento extraordinario gracias a una combinación de precios competitivos y una gama de vehículos que encuentra cada vez más compradores en Europa. España se convirtió rápidamente en uno de sus mercados más importantes. Mientras las ventas crecían a doble dígito, dentro de la compañía comenzaba a tomar forma una idea que todavía parecía lejana: producir coches dentro de la Unión Europea.

Aquella posibilidad respondía inicialmente a una cuestión de crecimiento. Transportar vehículos desde China suponía costes logísticos elevados y tiempos de entrega largos. Una planta europea permitiría acercar la producción a los clientes y consolidar el desembarco comercial de MG en el continente. Sin embargo, lo que en 2022 era una opción estratégica pasó a convertirse dos años después en una necesidad urgente.

El punto de inflexión llegó en 2024. La Comisión Europea concluyó que los fabricantes chinos de vehículos eléctricos se beneficiaban de ayudas públicas que distorsionaban la competencia y decidió imponer nuevos aranceles a las importaciones procedentes del gigante asiático. Para SAIC el golpe era especialmente duro. La compañía se enfrentaba a gravámenes que podían superar el 45%, una penalización capaz de alterar completamente su estrategia comercial en Europa.

Fue en ese momento cuando la búsqueda de una fábrica europea aceleró de manera decisiva.

La foto de Sánchez con SAIC

En septiembre de 2024 se produjo una imagen que hoy adquiere una relevancia especial. Durante un viaje oficial a China, Pedro Sánchez mantuvo una reunión con responsables de SAIC en Shanghái. Aquella fotografía, que entonces pasó relativamente desapercibida, refleja uno de los primeros contactos públicos de alto nivel entre el Gobierno español y la compañía que ahora ha elegido Galicia para su desembarco industrial.

El encuentro llegó además en un contexto especialmente sensible. Apenas unas horas después, durante una comparecencia en Kunshan, Sánchez sorprendió al afirmar que España estaba reconsiderando su posición respecto a los aranceles europeos a los vehículos eléctricos chinos. «Todos nosotros necesitamos reconsiderar. No necesitamos una guerra comercial, necesitamos construir puentes entre la UE y China», declaró el presidente del Gobierno, abogando expresamente por encontrar «un término medio» entre Pekín y Bruselas. El mensaje fue interpretado como un guiño directo hacia los fabricantes chinos en uno de los momentos de mayor tensión económica entre ambas potencias.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una reunión con el presidente de SAIC Motor en septiembre de 2024 | Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa.

A partir de ahí comenzaron los movimientos discretos, aunque las intenciones ya se dejaban notar en público. En octubre de ese mismo 2024, Leo Zhang, CEO de MG para España y Portugal, ya no escondía las cartas en sus encuentros con la prensa: «MG ha vuelto a Europa para quedarse», advirtió, confirmando que nuestro territorio era el favorito. «La decisión definitiva por parte de la central en China se tomará antes de que termine el año, y España es, a día de hoy, el país europeo mejor posicionado para la nueva factoría», sentenció.

Equipos técnicos de SAIC recorrieron distintos territorios europeos y españoles en busca de las ubicaciones que encajaran con ese plan. Aragón, Asturias y Galicia fueron ganando protagonismo dentro de una selección cada vez más reducida. La compañía analizaba puertos, disponibilidad de suelo industrial, redes de proveedores, costes logísticos y capacidad de las administraciones para acompañar una inversión de gran escala.

Mientras tanto, Galicia empezaba a reunir argumentos difíciles de igualar. La existencia del clúster de automoción gallego, la experiencia industrial acumulada durante décadas alrededor de Vigo, la disponibilidad de grandes superficies industriales en As Pontes tras el cierre de la central térmica y la capacidad portuaria de Ferrol conformaban una combinación especialmente atractiva para un fabricante que necesitaba importar componentes desde Asia y distribuir vehículos por toda Europa.

Sánchez con CEO de SAIC Motor, Wang Xiaoqiu, durante la visita del presidente a China en septiembre de 2024

Sin embargo, la decisión seguía abierta. De hecho, durante buena parte de 2025 y comienzos de 2026, Hungría continuó apareciendo como uno de los principales rivales de España. El país centroeuropeo había logrado atraer numerosas inversiones chinas en el sector de la automoción y contaba con una posición geográfica privilegiada para abastecer los mercados del continente.

La ofensiva definitiva llegó en la primavera de 2026. En abril, Pedro Sánchez realizó una nueva visita oficial a China y se reunió con el presidente Xi Jinping y con el primer ministro Li Qiang. El viaje reforzó las relaciones bilaterales en un momento clave para las inversiones industriales chinas en Europa y consolidó una interlocución política que llevaba años construyéndose.

Pocos días después, Alfonso Rueda viajó a Zhengzhou acompañado por la conselleira de Economía, María Jesús Lorenzana. Allí visitó instalaciones de SAIC y mantuvo encuentros con responsables de la compañía. El presidente gallego acudió con un mensaje muy concreto: Galicia podía ofrecer puertos, suelo, capacidad logística y un ecosistema industrial preparado para integrarse en la cadena de valor de un gran fabricante de automóviles.

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, y la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, en su reciente visita a China. | Xunta de Galicia

Vista con perspectiva, aquella visita parece menos una toma de contacto que una fase avanzada de una negociación que llevaba mucho tiempo desarrollándose.

El desenlace final, conocido este mes de junio de 2026, confirma que la diplomacia técnica y la idoneidad geográfica terminaron por inclinar la balanza de forma definitiva hacia el norte de Galicia. La multinacional asiática ya ha formalizado su solicitud de implantación industrial bajo el paraguas de un Proyecto Industrial Estratégico aprobado de urgencia por la Xunta, lo que despeja la burocracia para una inversión inicial que rondará los 200 millones de euros.

El diseño técnico final revela una inteligente bicefalia industrial concebida para reanimar la comarca de Ferrolterra. SAIC dividirá su actividad en dos núcleos conectados: una factoría auxiliar en As Pontes dedicada a la fabricación de componentes —aprovechando los terrenos liberados por la transición energética— que dará empleo a 300 operarios, y una gran planta de ensamblaje final en el Puerto Exterior de Ferrol, donde trabajarán otros 2.000 trabajadores.

Desde estos muelles, libres ya de las trabas arancelarias que penalizan las importaciones directas desde Asia, saldrán 120.000 vehículos al año con destino al mercado europeo. Los plazos ya están fijados: las máquinas empezarán a mover tierra en 2027 y los primeros coches de la era gallega de SAIC rodarán fuera de la línea de montaje antes de que concluya 2028.

El anuncio realizado ahora es, en realidad, el último capítulo de una historia que comenzó varios años antes. Una historia en la que confluyen el éxito comercial de MG en España, la necesidad de SAIC de esquivar los aranceles europeos, la competencia entre distintos territorios para captar la inversión y una intensa labor diplomática desplegada tanto desde Madrid como desde Santiago para amarrar el que ya es calificado como el mayor proyecto industrial de las últimas décadas en Galicia.

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