Un barco puede pasar meses en aguas internacionales, regresar con las bodegas cargadas de pescado y, aun así, perder dinero. No es una hipótesis ni una advertencia de futuro. Es, según el presidente de Orpagu, Joaquín Cadilla, la realidad que atraviesa actualmente una parte de la flota palangrera.
«Está pasando ahora mismo que barcos llenos pierden dinero. Y no es un cuento. Es insostenible», alertó durante la apertura de la duodécima edición de las Jornadas Internacionales de Pesca sobre Grandes Migradores, celebradas este viernes en A Guarda y centradas este año en uno de los grandes retos del sector: la comercialización.
La organización puso sobre la mesa una contradicción difícil de sostener. Existe demanda, el mercado absorbe las más de 20.000 toneladas de pez espada que desembarca cada año la flota palangrera española, pero el precio que recibe el productor no cubre en muchos casos el incremento de los costes de explotación.
La gerente de Orpagu, Juana Parada, cerró el encuentro con una reclamación directa: que se cumpla la normativa de la cadena alimentaria, que impide vender por debajo de los costes de producción.
«Hay mucha literatura y el papel lo aguanta todo, pero la realidad es otra», advirtió. El pez espada, sostuvo, se está comercializando por debajo de los costes que soportan los barcos. Y resumió las consecuencias con una imagen contundente: «Si matamos a la vaca, no habrá leche… o habrá que ir a buscarla fuera».
El pez espada, más barato que cuando llegó el euro
Joaquín Cadilla, patrón desde 1979, utilizó su propia experiencia para retratar la pérdida de rentabilidad sufrida por el sector durante el último cuarto de siglo.
Cuando comenzó a circular el euro, recordó, vendía el pescado a unas 1.000 pesetas por kilo, el equivalente a seis euros. Esta misma semana lo comercializó a 5,5 euros el kilo. Es decir, el precio en primera venta no solo permanece prácticamente congelado desde hace 25 años, sino que es incluso inferior, mientras el gasóleo, los víveres, los salarios y el resto de los gastos se han disparado.
La situación resulta especialmente delicada para los palangreros que faenan en el Pacífico. Según explicó a partir de la experiencia de su propia empresa familiar, un barco puede iniciar una marea acumulando entre 800.000 y 900.000 euros en costes. Solo comienza a generar beneficios, si todo sale bien, durante la última parte de la campaña.
Por eso, Cadilla reclamó un cambio de mentalidad en toda la cadena comercial. Sin barcos, armadores y tripulaciones que produzcan, recordó, tampoco habrá pescado que transformar, distribuir o vender.
El presidente de Orpagu dirigió también parte de su intervención a las nuevas generaciones que continúan apostando por el palangre. Jóvenes titulados de puente y de máquinas que podrían encontrar empleos mejor remunerados y más cerca de casa, pero que deciden mantener el oficio de sus padres y abuelos.
«Eso nos enorgullece y nos obliga», resumió.
El consumidor paga más, pero compra menos pescado
Los datos presentados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación confirmaron otra paradoja que condiciona el futuro del sector: los hogares españoles gastan más dinero en pescado y marisco, pero consumen una cantidad menor.
Patricia Pertejo Alonso, jefa del Área de Análisis de Consumo de la Subdirección General de Promoción de los Alimentos de España, presentó los datos preliminares del panel de consumo alimentario correspondientes a los doce meses cerrados en noviembre de 2025.
Durante ese periodo, el gasto por persona creció un 1,9 %, hasta alcanzar los 204,9 euros anuales. Sin embargo, el consumo cayó un 1,8 %, hasta los 17,8 kilos por habitante. La explicación está en el precio medio, que aumentó un 3,8 %, hasta situarse en 11,51 euros por kilo.
La evolución de la última década resulta todavía más reveladora. Desde 2016, el marisco cocido es la única categoría que ha logrado crecer. En el resto de los productos, los españoles compran hoy menos pescado que hace diez años.

El pez espada no entra en las casas jóvenes
La radiografía del consumidor de pez espada señala otro desafío para la flota. La especie tiene una mayor presencia en hogares de rentas altas o medias-altas, sin niños, situados en grandes ciudades y con responsables de compra mayores de 50 años.
Su penetración es, en cambio, mucho más reducida entre los hogares jóvenes y las familias con niños pequeños. Ese es precisamente uno de los mercados que el sector necesita conquistar para asegurar el consumo del futuro.
Durante la ponencia también se abordaron el Plan Internacional de la Gastronomía Española, que plantea el turismo gastronómico como una vía para mejorar la rentabilidad del sector primario, y el futuro Sistema Nacional de Datos Agroalimentarios.
El análisis de los canales de compra mostró, además, la enorme concentración del mercado. Los supermercados acaparan ya el 62,9 % de las ventas de pescado en España. Las pescaderías tradicionales representan un 20,6 % y los hipermercados, un 12,6 %.
El resto de los canales, incluidos el comercio electrónico y la venta directa por parte del productor, no alcanza conjuntamente el 4 %. Es precisamente en ese reducido espacio donde el sector pesquero aspira a crecer para recuperar una parte mayor del margen comercial.
Marca, trazabilidad y venta directa para recuperar valor
Las experiencias presentadas durante las jornadas compartieron un mismo diagnóstico: pescar bien ya no es suficiente. También es necesario demostrar la calidad, diferenciar el producto, construir una marca y lograr que el consumidor reconozca el origen del pescado.
«Hacemos las cosas bien, pero hay que demostrarlo», señaló Juana Parada al referirse a la sostenibilidad, la trazabilidad y las certificaciones.
La primera mesa redonda analizó distintas fórmulas de integración vertical, modelos en los que una misma empresa controla buena parte del recorrido que va del barco al plato.
Participaron Ruy Andrade Pereira, del Grupo Pereira-Portomar; Laia Ortiz Radua, del Grupo Balfegó, y Alejandro Castro Ferreño, del Grupo Profand. Los tres grupos han apostado por controlar la cadena de suministro y utilizar la marca, la trazabilidad y la diferenciación como argumentos para mejorar el valor final del producto.
La segunda mesa trasladó el debate directamente al sector productor. Eduardo Míguez López, de Puerto Celeiro; Cristina Mañas Mañas, de la OPP de Palamós; José Luis Monteagudo Doval, de Asmecruz; María José Casais Boo, de la Cooperativa Santa Eugenia de Ribeira, y Luis Santos Martínez, de la Cooperativa Ría de Arousa, expusieron distintas iniciativas de comercialización.
De la venta en lonja a la transformación en obradores propios, pasando por las tiendas digitales, todas las experiencias persiguen un objetivo común: reducir intermediarios y conseguir que una mayor parte del precio pagado por el consumidor llegue a quien captura y produce el pescado.
