Este 22 de agosto se cumplen diez años de la desaparición de Diana Quer, un caso que durante 497 días mantuvo en vilo a España y que terminó con el hallazgo del cuerpo de la joven en un pozo de una nave abandonada de Asados, en Rianxo. Diana tenía 18 años cuando desapareció mientras regresaba de las fiestas de Os Pincheiros, en A Pobra do Caramiñal.
Una década después, el caso continúa teniendo una dimensión que va más allá de la crónica negra. La investigación puso a prueba los recursos tecnológicos y policiales disponibles en aquel momento y terminó en los tribunales con una condena a prisión permanente revisable para José Enrique Abuín Gey, ‘El Chicle’. La sentencia, posteriormente ratificada, convirtió el asesinato de Diana Quer en uno de los casos de referencia para la aplicación de esta pena en España.
Un mensaje de madrugada y un teléfono en Rianxo, las primeras pistas
La madrugada del 22 de agosto de 2016, Diana regresaba hacia la vivienda en la que pasaba el verano con su familia después de acudir a las fiestas de A Pobra. A las 2:43 horas, envió un último mensaje a un amigo en el que alertaba de que un desconocido la estaba siguiendo mientras le gritaba «Morena, ven aquí». Después, desapareció.

La búsqueda movilizó durante semanas a numerosos efectivos y llevó a rastrear carreteras, zonas boscosas, viviendas, pozos y cursos de agua de la comarca. Uno de los primeros grandes indicios apareció en Taragoña, en Rianxo, donde un mariscador encontró el teléfono móvil de Diana sumergido cerca del puente.
El hallazgo abrió una nueva vía de investigación. El análisis del terminal y de los movimientos de la joven permitió reconstruir parte de sus últimos pasos y estrechar el cerco sobre lo ocurrido aquella madrugada.
‘El Chicle’, siempre bajo sospecha
La investigación terminó señalando a José Enrique Abuín Gey, conocido como ‘El Chicle’, como uno de los principales sospechosos. Sin embargo, durante meses los investigadores no pudieron cerrar el círculo sobre él.
La clave estaba en la coartada que había proporcionado su esposa. Según su primera versión, ambos se encontraban juntos aquella noche robando gasoil, una declaración que dificultaba situar a Abuín en el lugar de los hechos.
El escenario cambió más de un año después de la desaparición. Un nuevo intento de secuestro y agresión sexual a una joven en Boiro, denunciado en diciembre de 2017, volvió a poner a Abuín en el centro de la investigación.
Su detención el 29 de diciembre desencadenó el giro definitivo: su esposa terminó reconociendo ante los investigadores que no había estado con él aquella noche. La coartada se desmoronó y ‘El Chicle’ quedó sin una explicación que justificase sus movimientos.
497 días después, Diana apareció en Rianxo
La investigación entró entonces en su fase decisiva. Ante la presión policial y las evidencias acumuladas, Abuín terminó confesando y condujo a los agentes hasta una nave industrial abandonada de Asados.

El 31 de diciembre de 2017, 497 días después de la desaparición, los investigadores localizaron allí el cuerpo de Diana. Estaba en el interior de un pozo y había sido lastrado con bloques para dificultar que saliera a la superficie. Las pruebas de ADN confirmaron posteriormente que se trataba de la joven desaparecida en A Pobra.
El hallazgo puso fin a una búsqueda que había mantenido el caso permanentemente en primera línea informativa, pero abrió una segunda etapa: determinar qué había ocurrido exactamente aquella madrugada y qué responsabilidad penal correspondía a Abuín.
Los tribunales descartaron el homicidio accidental
Durante el juicio, la defensa de ‘El Chicle’ sostuvo que la muerte se había producido de forma accidental. Los tribunales, sin embargo, consideraron probado un escenario diferente.
Finalmente, la sentencia concluyó que Abuín abordó y secuestró a Diana con una finalidad sexual y que posteriormente la estranguló para evitar que pudiera denunciarlo. Después, ocultó el cadáver en el pozo de la nave de Asados y regresó a casa para dificultar su localización.
La Audiencia Provincial de A Coruña consideró los hechos constitutivos de un asesinato alevoso, además de los delitos de detención ilegal y agresión sexual.
La condena que llegó hasta el Supremo
En diciembre de 2019, la Audiencia Provincial de A Coruña condenó a Abuín a prisión permanente revisable por el asesinato de Diana Quer. La sentencia añadió cuatro años y un día de prisión por detención ilegal y agresión sexual en concurso medial, además de diez años de libertad vigilada y otras medidas de protección para la familia de la víctima.
El fallo fue recurrido, pero tanto el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, en 2020, como el Tribunal Supremo, en noviembre de ese mismo año, confirmaron la condena.
La decisión convirtió el caso Diana Quer en un referente dentro de la aplicación de la prisión permanente revisable, una pena que ya formaba parte del Código Penal desde 2015, pero cuya interpretación comenzó a adquirir especial relevancia con casos como este.
Un caso que cambió para siempre la aplicación de la prisión permanente revisable
El crimen de Diana Quer no solo dejó una huella profunda en A Pobra do Caramiñal y en nuestro país. La investigación se convirtió en uno de los grandes despliegues policiales de la última década en Galicia y puso sobre la mesa el papel de la tecnología, el análisis de datos y las nuevas técnicas de investigación criminal.
En el ámbito jurídico, además, la sentencia contribuyó a consolidar la aplicación de la prisión permanente revisable en asesinatos cometidos para ocultar un delito contra la libertad sexual.
Diez años después de aquella madrugada de agosto, el caso permanece ligado a dos fechas: el 22 de agosto de 2016, cuando Diana desapareció, y el 31 de diciembre de 2017, cuando la Guardia Civil encontró su cuerpo. Entre ambas transcurrieron 497 días de búsqueda e investigación que terminaron transformando uno de los crímenes más mediáticos de España en un caso con consecuencias también para la jurisprudencia penal.