Dolores Vázquez, condenada injustamente por el caso Wanninkhof: «Me hicieron pasar por un pozo»

El Ministerio de Igualdad le ha concedido la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad, un gesto que busca reparar una de las mayores injusticias judiciales y mediáticas de la España reciente
Dolores Vázquez junto a la ministra de Igualdad, Ana Redondo | MINISTERIO DE IGUALDAD
Dolores Vázquez junto a la ministra de Igualdad, Ana Redondo | MINISTERIO DE IGUALDAD

La historia de Dolores Vázquez vuelve al primer plano con un acto institucional que busca reparar una de las mayores injusticias judiciales y mediáticas de la España reciente. El Ministerio de Igualdad le ha concedido la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad, en una ceremonia marcada por el reconocimiento público del daño sufrido y la reivindicación de su dignidad.

Durante el homenaje, celebrado con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Lésbica, la ministra Ana Redondo calificó lo ocurrido como un “linchamiento social e institucional” que no solo afectó a la vida de Vázquez, sino que también supuso un fallo grave del sistema democrático. Según subrayó, el caso evidenció el impacto destructivo de la desinformación, los prejuicios y los bulos cuando logran instalarse tanto en los medios como en las instituciones.

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Visiblemente emocionada, Vázquez agradeció el reconocimiento y lo dedicó a su entorno más cercano, clave en los años más duros. En su intervención, desmontó algunas de las ideas que marcaron el proceso judicial, como la supuesta relación sentimental con la madre de la víctima, Rocío Wanninkhof, algo que calificó de “montaje” que contribuyó a su condena social.

“Quería a Rocío como a una hija”, afirmó, recordando el vínculo cercano que mantenía con la familia. Sin embargo, ese afecto no evitó que se convirtiera en el centro de una investigación que, con el tiempo, se demostraría errónea.

Un proceso marcado por el prejuicio

El caso se remonta a 1999, cuando la desaparición y asesinato de Wanninkhof en Mijas (Málaga) desató una enorme presión mediática. En septiembre de 2000, Vázquez fue detenida como principal sospechosa. La exposición pública fue, según su relato, devastadora: “Me sentía como un mono de feria”, explicó, describiendo el acoso constante de cámaras y la ansiedad que le provocaba.

Años después, la aparición de nuevas pruebas permitió identificar al verdadero culpable, Tony Alexander King, quien también fue responsable del asesinato de Sonia Carabantes. Este giro supuso la absolución de Vázquez, pero no logró borrar las secuelas personales.

“Caí en un pozo muy profundo”

En el acto, Vázquez relató con crudeza las consecuencias psicológicas de su paso por prisión y del juicio mediático. “Me hicieron pasar por un pozo muy profundo”, confesó. Tras salir en libertad, sufrió ansiedad, insomnio y desorientación, lo que le impedía llevar una vida normal. Incluso recordó cómo, durante un tiempo, no podía dormir en una cama y permanecía sentada en una esquina.

También evocó el momento previo al juicio, cuando una funcionaria le advirtió: “Usted ya ha sido condenada antes de entrar aquí”, una frase que resume la presión y el clima de prejuicio que rodeó el proceso.

A pesar del reconocimiento institucional, Vázquez denunció que no ha recibido compensación económica por el daño sufrido. “No me han compensado en nada”, afirmó, señalando que corresponde al Gobierno tomar una decisión al respecto. Actualmente, vive con ayudas y sin una pensión estable.

El perdón y la reconstrucción

Con el paso del tiempo, ha logrado reconstruir su vida, aunque no sin dificultades. Reconoce que durante años vivió con rabia hacia los medios, la sociedad y las instituciones, pero que decidió dejar atrás ese sentimiento para no perderse a sí misma. “Hace muchos años que he perdonado”, aseguró.

El homenaje, que definió como algo que había esperado “desde el minuto uno”, supone para ella un paso importante hacia la reparación moral. No obstante, también reclamó un reconocimiento más amplio por parte de la sociedad y los medios que contribuyeron a su estigmatización.

Hoy, casi 26 años después de los hechos, la figura de Dolores Vázquez se ha convertido en un símbolo de los riesgos del juicio paralelo y de la necesidad de proteger la presunción de inocencia frente al ruido mediático y los prejuicios.

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