Galicia ya era un refugio climático en la Prehistoria para neandertales y los primeros Homo sapiens

Un estudio de la USC en la Cova Eirós revela las condiciones climáticas de Galicia en la Edad de Hielo, un refugio frente a las condiciones extremas del resto de Europa
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Las sierras orientales de Galicia ya desempeñaban el papel de refugio climático durante la Edad de Hielo. Así lo concluye una investigación liderada por la Universidad de Santiago de Compostela (USC), que ha reconstruido las condiciones ambientales en las que vivieron los últimos neandertales y los primeros Homo sapiens en el noroeste peninsular hace entre 41.000 y 17.000 años.

El estudio, publicado en la revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, señala que, pese a que el clima era notablemente más frío que el actual, Galicia conservó un elevado nivel de precipitaciones, lo que favoreció la existencia de bosques y praderas húmedas capaces de sostener tanto a la fauna como a las comunidades de cazadores-recolectores.

La investigación ha sido dirigida por Hugo Bal García, investigador del Grupo de Estudos para a Prehistoria do Noroeste (GEPN-AAT) de la USC y del Centro de Investigación Interuniversitario das Paisaxes Atlánticas e Culturais (CISPAC).

Un paisaje frío, pero húmedo y favorable para la vida

Los investigadores centraron su trabajo en el yacimiento arqueológico de Cova Eirós, en Triacastela (Lugo), uno de los principales enclaves para conocer la transición entre los últimos neandertales y la llegada de los primeros humanos modernos al noroeste de la Península Ibérica.

Para reconstruir el paisaje de aquella época analizaron más de 400 restos óseos correspondientes a al menos 36 especies animales, aplicando modelos paleoecológicos que permitieron estimar la vegetación, las temperaturas y el régimen de lluvias existente durante distintos momentos de la glaciación.

Los resultados revelan que la temperatura media anual era hasta 3,6 grados inferior a la actual, aunque Galicia mantenía precipitaciones superiores a los 1.000 milímetros anuales, una circunstancia poco habitual en otras zonas de Europa durante ese periodo.

Esta combinación de frío y abundante humedad permitió conservar un entorno formado por masas forestales, praderas húmedas y espacios abiertos, ofreciendo recursos suficientes para la fauna y para los grupos humanos que habitaban la zona.

Un refugio natural durante la Edad de Hielo

El trabajo también muestra que, con el paso de los milenios, el clima fue suavizándose de forma progresiva, mientras aumentaban las precipitaciones, manteniendo el marcado carácter atlántico del territorio.

Según los autores, esta estabilidad convirtió a las montañas del este de Galicia en una potencial área de refugio climático, un espacio donde las condiciones de temperatura, vegetación y disponibilidad de agua favorecieron la supervivencia de los últimos neandertales y de los primeros Homo sapiens durante los momentos más severos de la glaciación.

Los investigadores consideran que esta circunstancia pudo desempeñar un papel clave en la continuidad de las poblaciones humanas y de la fauna del noroeste peninsular en el final del Paleolítico Medio y durante el Paleolítico Superior.

Un proyecto con participación de varias universidades

Además de la USC y el CISPAC, en el estudio han participado especialistas de la Universidade de Vigo, las universidades de León, Oviedo y Rovira i Virgili, así como del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES).

La investigación forma parte del proyecto «Dinámicas poblacionales y tecnológicas durante el Pleistoceno final-Holoceno de las Sierras Orientales del Noroeste ibérico 2», financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación y fondos FEDER de la Unión Europea. Las excavaciones en Cova Eirós cuentan también con el respaldo de la Consellería de Cultura, Lingua e Xuventude de la Xunta de Galicia.

Los autores destacan que los resultados ofrecen una nueva perspectiva sobre la evolución ambiental del noroeste ibérico y ayudan a explicar por qué las sierras orientales gallegas pudieron convertirse en un enclave decisivo para la supervivencia humana durante una de las etapas climáticas más adversas de la Prehistoria.

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