El incómodo cara a cara de Borja Iglesias con Trump

El delantero celtista mostró su rechazo a las políticas de Trump con un saludo frío que muchos celebraron en las redes sociales
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Borja Iglesias le dio la mano a Donald Trump, pero poco más. Era uno de los momentos más esperados de la entrega de medallas, precisamente porque las posiciones políticas del delantero celtista son públicas y conocidas desde hace años. El saludo fue rápido, sin apenas contacto visual y con el futbolista gallego siguiendo su camino casi de inmediato.

La escena apenas duró unos segundos, aunque no necesitó mucho más para hacerse viral. En las redes sociales, muchos usuarios vieron en el gesto una forma bastante clara de marcar distancias con el presidente estadounidense sin montar un espectáculo ni restar protagonismo a la celebración de España.

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Además, el santiagués ya había dejado claro antes de la final que la posibilidad de encontrarse con Trump no le hacía ninguna gracia. Preguntado por el saludo, bromeó con que cumpliría porque no quería que lo metiesen «en la cárcel» y añadió que esperaba que el momento pasase rápido. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

Borja Iglesias respetó el protocolo, estrechó la mano de Trump y continuó caminando. Sin desplante, pero también sin sonrisas forzadas ni entusiasmo de cara a la galería.

Un futbolista que no suele ponerse de perfil

El gesto encaja bastante bien con la trayectoria pública del futbolista gallego. Borja Iglesias lleva años demostrando que no tiene demasiado interés en esconder sus opiniones para evitar polémicas.

El delantero celtista se ha pronunciado sobre feminismo, derechos LGTBI, racismo, homofobia y extrema derecha. También ha participado en campañas contra la discriminación y ha defendido públicamente modelos de masculinidad alejados de los tópicos más rígidos del fútbol profesional.

Uno de sus posicionamientos más contundentes llegó después del beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. Borja anunció entonces que no volvería a la selección mientras no cambiasen las cosas y ese tipo de comportamientos continuasen quedando impunes.

También se ha referido a Palestina. Durante las protestas contra la participación del equipo Israel-Premier Tech en la Vuelta a España, cuestionó que parte del debate estuviese más pendiente de una carrera interrumpida que de la muerte de civiles. «Se le da más importancia a parar un evento que a un genocidio», afirmó.

No era la opinión más cómoda para un futbolista de élite, pero precisamente ahí está una de las claves de su figura pública: Borja Iglesias habla incluso cuando sabe que una parte del público preferiría que se limitase a marcar goles.

El santiagués también ha defendido en varias ocasiones que los futbolistas no tienen por qué mantenerse al margen de los debates públicos. Su argumento es sencillo: si son figuras con una enorme influencia social, también pueden utilizar esa visibilidad para defender determinadas causas.

Por eso, su saludo con Trump tuvo tanta repercusión. No fue un acto heroico ni una gran protesta política. Fue algo mucho más sencillo: cumplir con lo obligatorio y no fingir una cercanía inexistente. Borja le dio la mano porque tocaba. El entusiasmo decidió guardárselo.

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