El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha vuelto a poner cifras a una realidad que se percibe de forma cotidiana en las calles y que los registros administrativos ya adelantaban: Galicia gana habitantes, pero lo hace apoyándose exclusivamente en el flujo migratorio. Según la última Estadística Continua de Población, la comunidad autónoma alcanzó los 2.726.314 residentes a 1 de octubre de 2025, lo que supone un incremento de 14.652 personas en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Este crecimiento, sin embargo, oculta una brecha demográfica interna, ya que el aumento se explica casi en su totalidad por el empuje de la población extranjera, mientras que el número de residentes con nacionalidad española sufrió un retroceso de aproximadamente 6.000 personas en ese mismo intervalo. En ese mismo balance, el INE sitúa el volumen de residentes extranjeros en 187.767. A cierre de junio de 2025, el crecimiento interanual de la población gallega se situaba en 14.906 personas, pero la composición de este saldo es nítida: la población de nacionalidad española bajó de 2.543.905 a 2.538.250 efectivos, una pérdida neta de 5.655 residentes. Por el contrario, la población extranjera experimentó una subida de 20.561 personas.
El Observatorio Permanente de la Inmigración (OPI) cifra en 157.743 el número de personas extranjeras con permiso de residencia en Galicia a 31 de diciembre de 2025. Esto se traduce en un incremento del 8,7%, un ritmo que casi duplica la media registrada en el conjunto del Estado, que se situó en el 4,5%. El reparto provincial permite identificar los puntos de entrada de esta nueva población: A Coruña concentra el mayor volumen con 61.955 residentes legales, seguida de Pontevedra con 50.475. El crecimiento relativo más vigoroso se registra en las provincias del interior: Lugo alcanza los 22.669 residentes (+10,18%) y Ourense se sitúa en los 22.644 (+10,37%).

Entre los años 2013 y 2025, el número de personas extranjeras con residencia legal en la comunidad pasó de 86.573 a 157.743, lo que representa un incremento del 82% en poco más de una década. Este despegue se ha acelerado notablemente tras el periodo de la pandemia, con crecimientos especialmente acentuados entre 2021 y 2025. En este proceso, el perfil de origen de los nuevos residentes ha ido basculando hacia el continente americano, con un protagonismo creciente de países como Colombia, Venezuela y Cuba. Las nacionalidades procedentes de la Unión Europea mantienen una presencia sostenida, con el colectivo portugués como uno de los más asentados históricamente en el territorio.
Este impacto demográfico se traslada de manera directa al mercado de trabajo. Los registros del IGE correspondientes al ejercicio 2025 describen un escenario laboral donde se crearon 17.715 empleos, de los cuales casi seis de cada diez fueron ocupados por población extranjera. La afiliación de trabajadores se aproximó a la cifra de 78.000 personas tras aumentar en casi 10.000 en apenas doce meses. Los sectores que mayor demanda de mano de obra presentan, y donde la incorporación de estos trabajadores es más visible, son la construcción, la hostelería, el comercio, la industria y el transporte. Este fenómeno responde a una necesidad estructural de las empresas gallegas ante la falta de relevo generacional en la población local, convirtiendo a la inmigración en el soporte de la actividad económica en diversas comarcas.
Los ayuntamientos gallegos muestran desigualdades en la distribución de la población extranjera
En el municipio lucense de Burela, con una población total de 9.658 habitantes a comienzos de 2025, el desglose por nacionalidades muestra que 8.257 residentes son españoles, mientras que los 1.401 restantes se reparten entre ciudadanos de la Unión Europea (192), el resto de Europa (10), África (598), América (335) y Asia y Oceanía (266). La población no española en Burela supone el 14,5% del total, una cifra muy superior al promedio autonómico.
En la provincia de Ourense destaca el caso de Oímbra, donde la población extranjera representa ya en torno al 19% del censo municipal, situándose como uno de los ayuntamientos con mayor peso migratorio de la comunidad. En el extremo opuesto se encuentran municipios donde la presencia extranjera es residual, como Cervantes, que se mueve en un 0,6%, o Frades y Campo Lameiro, que no alcanzan el 1%.
Con datos referidos al inicio de 2024, ciudades como A Coruña, Lugo y Ourense ya superaban el 8% de población extranjera sobre el total de sus habitantes. Por su parte, Pontevedra y Ferrol se mantenían por debajo del 6%, mientras que Vigo y Santiago de Compostela se situaban en el entorno del 7,1%.


