El nuevo Plan Galicia de Renfe sabe a poco y no convence ni a usuarios ni a trabajadores

Renfe anuncia hasta un 24 % más de capacidad y un 6 % en los Avant, pero mantiene carencias históricas en horarios y territorios
Imagen de archivo de gente en una estación de tren | EP
Imagen de archivo de gente en una estación de tren | EP

Renfe ha puesto sobre la mesa una mejora largamente esperada en el ferrocarril gallego: más plazas, trenes de mayor capacidad y nuevos servicios en las horas punta del Eje Atlántico. Sobre el papel, el anuncio suena a rectificación tras años de quejas. En la práctica, sin embargo, el llamado Plan Galicia no ha generado el consenso que cabría esperar. Ni entre los usuarios, ni entre los trabajadores del ferrocarril, ni entre las instituciones políticas gallegas.

El plan, aún en fase de estudio y con horizonte de implantación antes de final de año, prevé un incremento del 24 % de las plazas en los servicios de Media Distancia entre Vigo, Santiago y A Coruña, mediante trenes de mayor capacidad —como los S-106— y el uso puntual de composiciones dobles con S-121. En paralelo, Renfe plantea añadir nuevas frecuencias en horas punta, especialmente por la mañana y a última hora del día, orientadas a viajeros laborales y estudiantes. En el corredor Ourense–Santiago–A Coruña, los servicios Avant sumarían unas 300 plazas más diarias, un 6 % adicional, aprovechando plazas disponibles en trenes AVE, Alvia y Avlo. La pregunta que se repite en Galicia es sencilla: ¿esto es realmente una mejora estructural o solo una optimización de lo que ya existe?

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Más capacidad, pero no necesariamente más trenes

Uno de los principales reproches al Plan Galicia es que pone el acento en las plazas, no en las frecuencias. El refuerzo anunciado se basa en trenes más largos y composiciones dobles, una solución eficaz para absorber picos de demanda, pero que no resuelve uno de los problemas históricos del ferrocarril gallego: la falta de servicios en determinadas franjas horarias.

Desde los sindicatos ferroviarios se subraya que el plan apenas contempla dos nuevas circulaciones en el Eje Atlántico, una cifra que consideran insuficiente si se compara con las frecuencias suprimidas durante la pandemia y nunca recuperadas. Solo en Vigo, recuerdan, se perdieron decenas de servicios semanales desde 2020, especialmente las lanzaderas con Pontevedra en horas clave.

La crítica no es solo cuantitativa, sino de enfoque. Para los trabajadores, doblar trenes no equivale a reconstruir una malla de horarios pensada para el día a día de la población. De ahí que definan el plan más como una “optimización de capacidad” que como una verdadera ampliación del servicio.

Ferrolterra, otra vez fuera del mapa

Si hay un territorio donde el malestar es especialmente visible es Ferrolterra. El Plan Galicia vuelve a centrarse en el Eje Atlántico y deja fuera la línea Ferrol–A Coruña, una exclusión que ha provocado una reacción política inmediata.

Ferrol en Común, el Foro Cidadán polo Ferrocarril y buena parte del tejido social y sindical denuncian que las mejoras anunciadas acentúan la discriminación histórica de la comarca. Reclaman algo básico: mejores horarios, más frecuencias y tarifas competitivas que permitan considerar Ferrol como parte real del sistema ferroviario gallego.

El reproche va más allá de Renfe y apunta también al Gobierno central y a la falta de respuestas concretas a las declaraciones institucionales aprobadas por concellos, mancomunidades y el Parlamento gallego. Para estos colectivos, el Plan Galicia refuerza a quien ya estaba bien conectado y vuelve a dejar atrás a los territorios periféricos.

Vigo: mejora celebrada, pero con matices

En Vigo, el anuncio ha sido recibido con más ambivalencia. El alcalde, Abel Caballero, ha valorado positivamente el refuerzo de plazas y frecuencias hacia A Coruña, destacando la mejora progresiva del servicio ferroviario en la ciudad, especialmente en la conexión con Madrid.

Sin embargo, incluso en el área olívica persisten las dudas. Los sindicatos recuerdan que no se han recuperado servicios clave, como las conexiones con Tui y Valença ni las frecuencias perdidas en el Tren Celta a Oporto, agravadas recientemente por la retirada temporal de Renfe de la operativa compartida con Comboios de Portugal. A ello se suma el malestar por la organización del trabajo y la falta de carga laboral derivada de estos recortes.

Ourense y los Avant: mejora limitada

En el corredor Ourense–Santiago–A Coruña, la mejora anunciada es más modesta. El aumento del 6 % en plazas se logrará sin nuevos trenes, mediante la reutilización de asientos disponibles en servicios de alta velocidad. Para algunos usuarios habituales, esto amplía opciones; para otros, no soluciona problemas como la escasez de trenes en determinadas horas o la dependencia de servicios que no siempre están pensados para desplazamientos cotidianos.

El debate aquí no es tanto el número de plazas como la adecuación del servicio a la movilidad diaria, una demanda que sigue creciendo en el eje interior de Galicia.

La Xunta cuestiona el plan

El Plan Galicia tampoco ha convencido a la Xunta. El conselleiro de Presidencia, Diego Calvo, ha cuestionado públicamente el anuncio, señalando que el mismo día en que Renfe hablaba de mejoras se suprimieron servicios por falta de maquinistas, afectando a miles de plazas.

Desde el Gobierno gallego se reprocha además la falta de interlocución directa: el presidente de Renfe visitó Galicia y se reunió con el equipo de la operadora, pero no con ningún representante del Ejecutivo autonómico. La Xunta reclama más coordinación, información previa y un diálogo estable para trasladar las quejas detectadas en el territorio.

El BNG, por su parte, ha llevado el asunto al Congreso, exigiendo explicaciones por la cancelación de trenes y reclamando refuerzos de personal, planificación y condiciones laborales que garanticen la fiabilidad del servicio.

El diagnóstico que se impone es compartido por muchos actores: el Plan Galicia mejora lo existente, pero no cambia el modelo. Aumentar plazas es necesario, pero no suficiente en una comunidad con una geografía compleja, fuertes desequilibrios territoriales y una dependencia creciente del tren como alternativa al coche.

La sensación general es que Renfe ha optado por una solución prudente, técnica y contenida, más orientada a gestionar la demanda actual que a anticipar el crecimiento futuro o corregir déficits históricos. Para algunos, es un primer paso. Para otros, una oportunidad perdida. En Galicia, donde el ferrocarril es mucho más que un medio de transporte, el Plan Galicia deja una conclusión clara: hay avances, pero también demasiadas estaciones esperando algo más que trenes más largos.

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